El dulce encanto del aislamiento

Desde el comienzo de una nueva onda de globalización mundial hace 20 años, hubo un momento, entre finales de 2001 y comienzos de 2002, en el que Argentina comenzó a resquebrajar de manera profunda sus vínculos con el primer mundo, hecho que marcó el principio de nuestro creciente alejamiento de la civilización en lo que va del siglo XXI.

Primero, con el mayor default de la deuda pública de la historia contemporánea, declarado de manera circense (un Presidente sonriente y una Asamblea Legislativa que lo aplaudía como si fuera una epopeya), acusando a los que nos habían prestado antes (ciudadanos de EE.UU., Japón, Alemania, Italia, Francia, etc.) de delincuentes, con una propuesta de reestructuración salvaje por parte de Lavagna en 2003 al punto que nunca más Argentina pudo colocar deuda soberana, que se mantuvo durante 10 años hasta el reciente canje con los holdouts y todavía estamos en plena cesación de pagos con el Club de París.

Por si lo anterior fuera poco, al mismo tiempo que hoy el gobierno quiere colocar deuda externa a una tasa de interés de un dígito, la Presidenta dice que ella nunca hará un ajuste como el que está haciendo Europa para no defaultear. Puesto en criollo, Cristina dice: "préstenme, ahora que si algún día Argentina vuelve a tener dificultades para pagar como en 2001, les ocurrirá lo mismo que en 2002, cesación de pagos y pesificación". Consecuencia: será difícil colocar deuda externa en el mercado internacional de capitales.

La segunda fue el default (pesificación de tarifas más la no renegociación de los contratos) con las empresas privatizadas. Hoy queda más claro todavía que en los albores de los gobiernos K, cuál era el objetivo perseguido: que los inversores estratégicos extranjeros en las empresas de servicios públicos durante los ´90, se fueran del país para dejar lugar otra vez al Estado empresario (Enarsa, Arsat, AySA, Correo Argentino, Aerolíneas Argentinas, Thales, Tandanor), al Estado interventor (TGN, Metrogas, Autopistas del Sol) o sino y sin más vueltas, directamente a empresarios amigos del matrimonio santacruceño. España y Francia han sido las grandes perdedoras de esta jugada K.

Luego podríamos seguir con la contracumbre que Néstor Kirchner le armó a George Bush (con Hugo Chávez de disertante) cuando en noviembre de 2005 se celebró en Mar del Plata la IV Cumbre de las Américas, cosa que hizo que ni con Obama las relaciones con EE.UU. volvieran a ser las mismas. Después vino la cancelación de la deuda con el FMI a principios de 2006 para que ya no hubiera nadie con el poder del Fondo que pudiera criticar las medidas económicas K o la destrucción de las estadísticas de nuestro país (IndeK) que comenzó en 2007 con el desembarco de Guillermo Moreno en la Secretaría de Comercio.

El proteccionismo comercial que ya había retornado con Lavagna, pasó a recibir tratamiento de cuestión de Estado en 2007 y se profundizó mucho con la recesión mundial de 2009. A partir de ahí comenzamos a tener conflictos con China y Brasil por las importaciones de textiles, autopartes, baterías, línea blanca, etc. El gigante asiático respondió dejando de comprar nuestro aceite de soja y la diplomacia de la buena onda y no hacer olas de Lula hace trinar a las empresas brasileñas que están en Argentina y mucho más a las que hacen negocios con nosotros desde el otro lado de la frontera.

Pero como ya se sabe (salvo el grueso de la clase política picapiedra que nos gobierna), no hay exportaciones sin importaciones. Ergo, si se prohíben importaciones también va a ver dificultades para exportar. No hay uno sin el otro.

Más allá de las represalias chinas, el gobierno de los Kirchner, ha montado desde 2003 un complejo de regulaciones, impuestos, trámites, etc. tan kafkiano, que parecería que más que alimentos, el campo argentino exporta veneno alimentario global. La consecuencia no se ha hecho esperar: a lo largo del modelo productivo las exportaciones totales en cantidad y más todavía las agropecuarias han crecido como mucho, igual que durante la convertibilidad, cuando el dólar estaba regalado y hacía inviable el negocio de venderle al exterior. Más allá de recuperaciones cíclicas, ha caído la producción de trigo, leche, quesos, gas, petróleo y carne. En este último caso, por segunda vez en 30 años (la anterior fue en 2007/2008) no se podrá cumplir con las exportaciones por 28.000 toneladas de la cuota Hilton: en 2009/2010 se enviará a Europa sólo el 60% del total comprometido.

Ya en 2010, el proteccionismo ha tomado un cariz casi revolucionario y/o tragicómico. En el país de los alimentos, con un superávit comercial en la balanza de alimentos de casi u$s 20.000 millones anuales, se prohíbe a través del teléfono (no hay resoluciones oficiales) que disca el Secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, que las empresas importen alimentos.

El enojo que esto ha provocado en Europa, la principal perjudicada por la medida, ha llegado al punto que la UE ha sostenido públicamente que está evaluando suspender las negociaciones (llevan años) con el Mercosur por un tratado de libre comercio ¿Qué dirá el resto de los países de nuestro bloque que, a diferencia de nosotros, están interesados en continuar abriendo cada vez más sus economías al primer mundo?

De todas maneras ¿no es ridículo discutir la apertura del comercio regional a Europa cuando al mismo tiempo Argentina, el segundo miembro en importancia del Mercosur, trata de protegerse como sea hasta de las importaciones del propio bloque, cuando en realidad debería haber libre comercio total intrazona desde hace casi un lustro porque así lo establece el Tratado de Asunción?

Pero más absurdo todavía es pelearse con Europa por las restricciones a las importaciones de alimentos del viejo continente porque es una de nuestras principales acreedoras en el Club de París, una de las deudas en default que todavía nos quedan, por la que estamos intentando el jeroglífico de renegociarla sin pasar por la auditoría del FMI desde hace 2 años y cuando hasta los propios funcionarios del gobierno kirchnerista dicen que es clave solucionar ese default por las inversiones extranjeras que recibiríamos (habría que dudarlo). Y no olvidarse la manera en la que Europa ha sido desplazada de las inversiones en Argentina por el proceso reestatizador e intervencionista K.

Volviendo a la cuestión de nuestro proteccionismo, el espectáculo circense no termina con lo dicho antes porque ni siquiera las medidas de restricción de las importaciones aplicadas por el gobierno, con todo el costo negativo que tienen para nuestra imagen internacional, han logrado enfriar las compras que los argentinos hacen en el exterior. En los primeros 5 meses de 2010 las importaciones volaron: crecieron 45% con respecto al mismo período de 2010 ¿Quién puede pensar seriamente que un llamado telefónico a los gritos puede hacer más que el combo gastador que propone el gobierno de tasas de interés reales negativas, gasto público creciendo al 35% anual y la cantidad de dinero al 25% anual?

Todos los comunicados del G20 (los 20 países más grandes del mundo) que firma Argentina como miembro de tan selecto grupo, ponen énfasis (entre otras cosas) en la necesidad de no restringir el comercio entre los países y en el rol fundamental que cumple el FMI como coordinador de las acciones globales necesarias para evitar una nueva recesión mundial, ahora no por EE.UU. sino por Europa. Sin embargo, Argentina se cierra al comercio y se niega a la nimiedad de permitir que las misiones del FMI aterricen en Ezeiza para realizar el Artículo IV (revisión totalmente rutinaria).

Lo sucesos contados más arriba (no son todos) del gobierno de los Kirchner son tan contundentes para dinamitar la imagen de la Argentina en el mundo, que justifican la sugerencia de un diván gigantesco para toda la pingüinera e investigar que pasa con su psiquis.

La otra posibilidad es que sea un proceso deliberado para que estemos cada vez más desconectados del mundo civilizado, que éste no opine sobre nosotros porque no hay auditorías (no hay estadísticas, el periodismo esté amordazado, muchos empresarios transformados en clientes del poder), que no importemos nada a los demás (para no pasar inadvertida en la reciente reunión del G20 de Toronto, nuestra Presidenta recurrió a la agresión verbal con el Presidente Sarkozy de Francia) y que después, sea cada vez más difícil en el futuro volver del lugar al cual nos quieren llevar que bien podría ser un país cada vez más parecido a la Venezuela de Hugo Chávez.

Una vez llegados a ese punto de indigencia en nuestra importancia planetaria, ellos fijarían qué se dice, qué se opina, qué es lo que pasa con la economía del país, etc. Sería extender el feudo K de Santa Cruz a la totalidad de nuestro querido país. Los pueblos desesperados como el nuestro de la crisis 2001/2002, compran cualquier discurso por más dañino que sea en el largo plazo.

Es como la falta de educación. Cuanto menos se cultiva al votante, es más fácil para el político de turno hacer propuestas huecas o absurdas y que además el pueblo se las vote. De la misma manera, a medida que nos alejemos del mundo desarrollado, cada vez sabremos menos de él y él sabrá menos de nosotros. Iremos perdiendo el tacto por lo bueno y lo bizarro y decadente se transformará en nuestro opio cotidiano.

Al menos hoy, estamos sin duda alguna, con menos libertad de expresión, de informarnos, de disentir, de ejercer negocios libres que en mayo de 2003 cuando Néstor Kirchner asumía la presidencia.

Finalmente, dado que los K son peronistas, falta un comentario (que se podría extender a otros partidos políticos) sobre el peronismo, el partido que hoy cobija a los Kirchner, lo tenía a Carlos Menem como líder en los ´90, a Duhalde como el salvador del país en 2002 y tantos otros más, algunos innombrables.

En el último siglo, Argentina, salvo después de hecatombes del estilo hiperinflación de 1989 o el default y la devaluación de 2002, no ha podido crecer ni siquiera a la tasa del 3% anual de la economía mundial. Esto significa que Argentina ha crecido tendencialmente muy por debajo de países que hace 80/100 años eran menos o igual que nosotros (Australia, Canadá, España, Irlanda, etc.), por lo que sin duda estamos en una tendencia decadente.

Entre 1983 (democracia) y 2009 el peronismo gobernó 18 años, el 67% del tiempo. Entre 1975 (Rodrigazo) y 2009, 20 años, el 57% del tiempo. Entre 1946 (primer presidencia de Perón) y 2009, 30 años o el 47% del tiempo. Y entre 1930 y 2009, 30 años o el 38% del tiempo. En definitiva, Argentina es peronista.

Y si lo medimos por la permanencia de sus ideas favorables al populismo industrial de estado socio del sector privado, sindicatos que fijen salarios, cierre de la economía, que el campo y el petróleo exporten lo mínimo indispensable para que la mesa y el auto de los argentinos cuesten poco y la subeducación de la gente, el peronismo ha gobernado casi siempre nuestro país desde su aparición en 1946. Un fenómeno político impresionante: generar decadencia sin pausa y al mismo tiempo tener encantada a la ciudadanía.

¿De dónde saca el Peronismo Federal que es la solución a nuestros problemas, cuando muchos de ellos fueron creados por otros peronistas como los Kirchner?

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1281381

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José Luis Espert

Doctor en Economía

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