"Se sintió el peso del campo en la economía"

11 Abr
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El conflicto entre el campo el Gobierno todavía está latente después de la protesta rural. Las consecuencias de los cortes de rutas no se hicieron esperar: se rompió la cadena de pagos, hubo desabastecimiento de alimentos en los centros urbanos, los precios comenzaron incrementarse algunos empresarios ya están limitando su capital de inversión para este 2008. Ante este nuevo esquema, el economista José Luis Espert analiza la coyuntura económica nacional y es categórico en adelantar que "lo mejor del modelo económico de los Kirchner ya pasó".

-En materia económica, ¿cuál es el primer análisis que hace post paro agropecuario?

-El conflicto entre el campo y el Gobierno lo primero que está demostrando, que sorprende propios y extraños, gran impacto que tiene el sector agropecuario en la actividad económica. Durante las tres semanas que duró el paro se rompió la cadena de pagos, también hubo una desaceleración en la construcción, venta de inmuebles, autos y hasta en el consumo masivo. Ahora para ver como sigue la economía hay que estar muy atento a cómo seguirá el conflicto entre el campo y el Gobierno.

-Respecto de este último punto que menciona, ¿cuál es su sensación, ¿cómo seguirá el diálogo?

-Creo que el conflicto va a volver aparecer, porque no es que el Gobierno no tenga intenciones de negociar con el campo sino que en realidad en su modelo económico ni siquiera está contemplado. Claramente, el modelo económico actual está orientado un desarrollo netamente industrial, en general el concepto básico es utilizar al campo y al petróleo como generadores de alimentos y energía barata para así transferir recursos a la industria y, por ejemplo, generar más empleo público.

-En tal caso que se cumpla su pronóstico, ¿cómo seguirá repercutirá en la economía argentina?

-Hoy ya podría decir que la tasa de crecimiento, en el segundo semestre, será muy inferior la del primer trimestre, incluso sería la más baja de los últimos cuatro años. Sin duda, el campo volverá a parar, y a partir de ahí la economía en general empezará a apuntar para abajo y empezarán a aparecer los problemas viscerales que tiene este pro-grama, pero que no se veían porque la actividad económica estaba creciendo.
-¿Cuáles serían esos problemas que hasta ahora estaban tapados y comenzarán a salir a la luz?

-Primero es el endeudamiento que no desapareció para nada a pesar de la reestructuración de la deuda argentina que fue algo realmente salvaje que lo dejó fuera del mercado internacional de capitales. ministro de Economía, Martín Lousteau, estuvo esta semana en la reunión con el BID pidiendo plata para hacer un blindaje; esto es insólito, ya que el Gobierno se pasó los últimos tres años diciendo en todos lados que la reestructuración fue fantástica y que estábamos sólidos ante cualquier problema. En segundo lugar, la desaceleración económica demostrará que los salarios reales dejaron de crecer como consecuencia de una inflación al 25%. Al mismo tiempo no sólo el espíritu inversor del campo caerá, sino también el de otros sectores. Sin lugar a dudas, lo mejor de este modelo económico ya pasó.

-Si bien el espíritu inversor del campo ha caído, de todas formas el que tiene una hectárea está obligado a sembrar y cosechar, no se puede dar el luo de no trabajarla. ¿Cómo lo analiza usted?

-Es cierto, el chacarero tiene que sembrar y cosechar, pero hay que ver de acá a la próxima campaña cuánto se venderá de lo que hoy está cosechando. La posición del campo es muy simple, levantaron los cortes en las rutas para no generar problemas con la gente de la ciudad. Quizás ahora la protesta se traslade a los puertos y el productor hará sólo lo indispensable en su campo, bajará los gastos, inversiones y ventas. Al campo hay que verlo como a la industria, cuando no ven un panorama claro en su negocio desaceleran su actividad en todo sentido.

-¿Qué tan vulnerable es el sistema económico a que los cereales no se vendan?

-Creo que es muy vulnerable; me da la sensación que hay un antes y un después de este conflicto. Cuando el Gobierno estableció este nivel de retenciones el 11 de marzo hizo sus cuentas, pero de ahora en más son meras especulaciones, porque si el campo vende lo mínimo indispensable el Gobierno terminará recaudando una pequeña parte de este impuestazo que había calculado. De ahí en más con esta menor recaudación vendrán los problemas fiscales eso será un fuerte golpe para la economía.

-¿Qué tan sostenible es uno de los pilares del discurso de la política económica de los Kirchner ante el campo que dice las ventajas de mantener un dólar alto?

-En primer lugar ese dólar alto ya no es tan alto, en realidad diría que en números si se lo ajusta a la inflación que ha tenido la Argentina desde enero de 2002, tiene el mismo valor que el dólar real de diciembre de 2001. Esto quiere decir que el dólar está barato y que las industrias que operan con las exportaciones no se están fundiendo porque al mismo tiempo el dólar se está depreciando constantemente contra el euro, esto equipara la balanza.

-¿Cómo ve la situación económica de las provincias con el gran impacto que tiene el agro en cada una de ellas?

-Desde 2005 para acá entraron en déficit, se están financiando con transferencias de la Nación que no son declaradas. Lamentablemente este panorama económico ya se repitió en 1999 y ahora estamos viendo exactamente lo mismo. Vuelvo a repetir que el ministro de Economía está pidiendo un blindaje cuando vienen diciendo del superávit, de las reservas, entonces durante todo este tiempo estuvieron mintiendo.

-Hay economistas que dicen que este manotazo de las retenciones surge de la incompatibilidad de mantener un dólar alto con este nivel de inflación. Usted, ¿cómo lo analiza?

-Cuando se aplican retenciones evidentemente se recauda, pero creo que el primer argumento para poner retenciones cualquier escala es más bien distributivo.
La idea básica es poner alimentos lo más barato posible, y en el caso particular de la soja que se exporta, la mayoría lo que hace es subir el precio de los campos, los insumos y, por ende, también el precio del maíz, el trigo, la carne y de la leche. Creo que en la cabeza del Gobierno su primera meta no fue recaudar porque, en realidad, todavía ni siquiera pudieron ahorrar los impuestos que pusieron en 2002; si uno computa el déficit de las provincias no hay superávit fiscal.