El circo Mercosur

Kirchner empieza a cosechar lo que siembra. Se enemistó con casi todo el mundo (salvo Lula, Chávez, Evo Morales y Fidel Castro) por el default de la deuda, las privatizadas, su rechazo al ALCA, la contracumbre que le armó a Bush en la ciudad argentina de Mar del Plata el año pasado, el corte de las exportaciones de gas a Chile, el conflicto con Uruguay por las papeleras, etc.

Ahora nos amenazan con el deslistado de Argentina del Sistema Generalizado de Preferencias de EE.UU., el FMI nos dio duro en su reciente revisión del artículo IV, costó mucho que el BID aprobara un crédito por u$s 580 M, en su reunión del 14 de junio en el Club de París hubo múltiples críticas al hecho de que "Argentina no respeta códigos de negociación internacional", Chile impuso salvaguardias a las importaciones de lácteos argentinos y el embajador de USA en Argentina dijo que era un sinsentido hablar de Venezuela en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (iniciativa apoyada fervientemente por Kirchner).

La XXX cumbre del Mercosur realizada en la ciudad de Córdoba (Argentina) el pasado jueves 20 y viernes 21 de julio, tuvo como principal objetivo “festejar” la incorporación de Venezuela en calidad de miembro pleno del bloque e incrementar su contenido político (Parlamento, Bono del Sur, Banco del Mercosur, etc.) ante el evidente fracaso en lo que se refiere a comercio. La idea, sobre todo de Kirchner y Chávez, es fortalecer al bloque a fin de achicar el costo de seguir pelándose con el mundo occidental, tal como ambos lo vienen haciendo con pasmosa eficiencia.

El objetivo central de los Tratados de Libre Comercio (TLC) y de las Uniones Aduaneras (UA) es incrementar el volumen de comercio de los países que los integran. Es decir aumentar tanto lo que exportan como lo que importan. Sin embargo, los miembros del Mercosur (UA) no mostraron buenos resultados al respecto si tenemos en cuenta que ninguno de ellos pudo aumentar significativamente su participación en el comercio mundial.

En 1991, año en que se firma el tratado de Asunción por el que se inicia la desgravación arancelaria, la suma de las exportaciones totales (incluidas las intra-bloque) de cada uno de los países del Mercosur, es decir, la suma de las exportaciones de los países miembros representaban el 1.35% de las exportaciones mundiales mientras que en 2005 dicha cifra fue de 1.60% (ínfimo aumento de 0.25 pp).

Los casos de Brasil y Argentina, los países más grandes del Mercosur, son un claro ejemplo de la pobreza exportadora de la región. En 1991 las exportaciones brasileñas representaban el 1% del total mundial y en los 15 años de vigencia que lleva el Mercosur sólo lograron aumentar su participación en 0.15% para llegar a 1.15%. En el mismo período, las exportaciones argentinas pasaron de 0.35% a 0.39% del total mundial a pesar se haber devaluado su moneda un 50% en términos reales.

Este resultado queda más opacado aún si tenemos en cuenta que las exportaciones de Brasil y Argentina representaban nada menos que el 2.0% y 2.8% respectivamente de las exportaciones mundiales a mediados del siglo pasado. Un buen contra-ejemplo es México, cuyas exportaciones a mediados del siglo XX no alcanzaban el 0.7% del total mundial y con un TLC con EEUU y Canadá desde 1994 (el NAFTA) logró incrementar su participación a casi 2.10% en 2005.

Algo similar ocurrió con Chile (también con acuerdos de libre comercio con EEUU) que incrementó su participación en las exportaciones mundiales de 0.26% en 1991 a 0.41% en 2005 y continúa ganando terreno en el comercio global sin renunciar al beneficio de negociar bilateralmente acuerdos con las principales potencias del mundo. Irlanda (otro país que lideró el crecimiento mundial en los últimos 20 años) logró aumentar su participación de 0.63% en 1991 a casi 1.1% en 2005.

Lo peor de todo es que los países que integran el Mercosur ni siquiera lograron aumentar de manera significativa el comercio intra-zona a pesar de las devaluaciones y del crecimiento que tuvo la zona en los últimos 15 años. El volumen de exportaciones entre los miembros del Mercosur representa sólo el 0.17% de las exportaciones mundiales, cifra similar al 0.15% de 1991. Además, no hay ninguna perspectiva de cambio con la reciente incorporación de Venezuela dado que sus exportaciones apenas representan el 0.3% de las exportaciones mundiales (incluyendo las exportaciones de petróleo a EEUU).

Este lastimoso desempeño se debe al escaso grado de complementariedad entre los países miembros. De acuerdo con la teoría del comercio internacional, habrá más volumen de comercio (y será más beneficioso) mientras mayores sean las diferencias entre los socios ya que son éstas las que dan lugar a la especialización, al aumento de la productividad y al crecimiento económico. Algo que resulta difícil de imaginar en un bloque cuyos miembros son esencialmente productores de materias primas con aranceles externos extremadamente elevados y con la concepción absurda de que antes de comerciar hay que compensar asimetrías entre países.

Se puede ejemplificar de muy variadas maneras el patetismo del fracaso del Mercosur para lo que fue creado, crear comercio, pero una muy saliente es la permanente queja de Brasil, país históricamente con fuerte raigambre proteccionista y mercantilista, de que Argentina se cierra al comercio bilateral a pesar de haber devaluado su peso más de 50% en términos reales desde enero de 2002. El dislate conceptual de Buenos Aires es total: le pide al mundo desarrollado que elimine los susidios agrícolas al mismo tiempo que grava las exportaciones primarias con retenciones y luego las prohíbe (carne) o las reduce “voluntariamente” (lácteos y trigo) para manipular hacia abajo la inflación.

Otro motivo que explica estas mediadas de Kirchner es que su gobierno tiene ideas en materia de reforma estructural similares a las del primer peronismo ubicado temporalmente en el entorno del fin de la segunda Guerra Mundial: promover el desarrollo industrial a partir de la sustitución de importaciones y poner al agro (el sector con la ventaja comparativa) al servicio de la provisión de alimento barato a aquella para que haga el menor esfuerzo posible en pagar los salarios reales que el poder político digita hacia arriba de manera permanente. Todo un gran “combo” anticomercio.

El aparente “fortalecimiento” del Mercosur no es más que una farsa utilizada para ocultar el rotundo fracaso del mismo en materia de comercio exterior (quintaesencia de las UA como el Mercosur). El hecho de que ni siquiera los países miembros hayan podido alcanzar el libre comercio (todavía hay fuertes restricciones al comercio intra-zona de automotores, azúcar, etc.) torna “necesario” un aumento del vínculo político entre los mismos. La supuesta creación de un gasoducto del sur, Parlamento del Mercosur, Banco del Sur, etc. apunta en esa dirección y no es más que una manera de minimizar el costo de seguir aislados del mundo. Pero hay que tenerlo claro. Aquí no hay fortalecimiento del Mercosur como se ha proclamado desde Córdoba, Argentina. Existe en cambio la decisión de fortalecer los vínculos políticos entre algunos de los países de Sudamérica, mientras otros como Uruguay y Chile miran absortos la degeneración de un proyecto que empezó como de libre comercio.

Es más. Ambos países están sufriendo en carne propia el carnaval populista, resentido y retrógrado de Kirchner. A pesar del fallo adverso que Argentina sufrió en la Haya por las papeleras, su gobierno anunció como novedades generadoras de orgullo nacional que iniciaría una campaña en el mundo civilizado para evitar que las empresas reciban financiamiento internacional y que “respetando” la libertad de expresarse contra las papeleras por parte de los pobladores de la ciudad argentina de Gualeguaychú, no evitaría los cortes de rutas en vías de tránsito internacional.

En Argentina, la libertad de expresión de los que no piensan como Kirchner reciben, en el mejor de los casos, la hipócrita y falsa acusación de complotadores contra el gobierno. Y cuando un juez levanta la falsa denuncia para investigarla, el propio gobierno denunciante le encuentra alguna mosca en la sopa para que quede impedido de ejercer su obligación de impartir justicia.

Por su parte, Chile sigue sufriendo cortes de las exportaciones de energía y retenciones inconsultas para que Argentina le pague a Evo Morales el mayor precio del gas que está importando ante la caída de la producción local por el estropicio que ha hecho con los contratos con las privatizadas.

Difícilmente si Uruguay hubiera sido gobernada por Hugo Chávez y Chile por Fidel Castro (o viceversa), hubieran sufrido el destrato que Tabaré y Bachelet han recibido de Kirchner. La moderación política parece ser a Kirchner como la delicadeza a un rinoceronte.

En este contexto se podrá recibir a Fidel Castro como si fuera el principal defensor de los derechos humanos sin que nadie asuma directamente el costo político (para el exterior, dado que en nuestros países esto es políticamente correcto). Por el momento, el Mercosur seguirá siendo un gran fracaso comercial y un circo político cuyos principales beneficiarios son Hugo Chávez y Néstor Kirchner.

El primero aumenta su presencia en una región que lo protege y cobija tanto al punto que lo apoyará en su intento de acceder como miembro no permanente al Consejo de Seguridad de la ONU y al mismo tiempo permanece muda ante el apoyo del líder bolivariano a regímenes terroristas como Irán y Vietnam. Kirchner por su parte, que a pesar de estar fuera del mercado internacional de capitales y haber defaulteado groseramente los contratos con las privatizadas, seguirá teniendo a través de Venezuela financiamiento y provisión de energía a costos y fluidez razonables.