La crisis de los mercados internacionales, ¿puede afectar a la Argentina?

Aunque los economistas admiten que la situación genera nuevos riesgos, coinciden en evaluar que aún no representa una amenaza para la tasa de actividad local porque el país puede prescindir por ahora del ahorro externo; ninguno puso en revisión los pronósticos de crecimiento

La imagen se hizo repetida en el último mes, hasta el punto de convertirse en una elocuente postal del álgido momento que están atravesando los mercados financieros de todo el mundo, tras un largo período de bonanza.

El frenesí instalado en la cara de los operadores; sus ojos fijos en las pantallas como si no pudieran creer lo que veían; las bocas retratadas en el momento del voceo de las órdenes de venta, que se multiplicaban en muchos casos sin encontrar receptores…

El balance de lo que se creyó que había comenzado como una realización de ganancias mudó, en cuestión de semanas, a una corrección generalizada en los precios (de cara a la futura convivencia con tasas de interés más altas) y pasó a convertirse en los últimos días en un desbarranco sin fin que –de ser verdad aquella máxima que dice que los mercados anticipan lo que sucederá en la economía– anunciaría la llegada de tiempos más duros, dejó pérdidas de hasta 8% en Wall Street y del 20 al 25% en las plazas emergentes, como la argentina.

Pero ¿cuánto hay de razón y cuánto de psicosis en la reacción de los inversores? ¿A qué fantasmas temen? Y lo que más importa a los argentinos: ¿puede este tembladeral poner en riesgo el crecimiento de la economía local?

Los economistas y analistas de distintas tendencias consultados por LA NACION para responder a estos interrogantes no han perdido la calma y, aunque aceptan que el escenario mundial se modifica y eso tendrá un costo para el país, coinciden en estimar que será bajo, dada la solidez que muestran la macroeconomía y la independencia que el país generó de los mercados internacionales por su escasa necesidad de financiamiento tras la última reestructuración de la deuda. De hecho, ninguno de los economistas relevados está revisando aún sus proyecciones de crecimiento para el presente año, aunque admiten que, muy probablemente, se vean obligados a ajustar levemente las de 2007.

El más enfático defensor de esta tranquilizante teoría es Guillermo Calvo, el economista jefe de área en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que ganó fama mundial como pronosticador de crisis, desde que anticipó en los 90 el “efecto tequila”.

Calvo describe la economía local como “una de las más fuertes de la región para enfrentar shocks externos”, gracias al superávit de las cuentas fiscales y la desdolarización, una vez sepultada la convertibilidad, y sostiene que la situación sólo cambiaría si las tasas internacionales sufrieran aumentos importantes, un escenario al que le asigna ínfima probabilidad de ocurrencia por lo que no duda en confesarse despreocupado al respecto.

“La correa de transmisión en estos casos tiene que ver con una menor cantidad de crédito a una tasa mayor, particularmente en lo que debería pagar el Estado, pero con necesidades de financiamiento que ya estarían cubiertas para el año en curso y sin grandes vencimientos el próximo, el impacto aquí sería menor”, coincide en evaluar el economista Miguel Bein, a quien el relevamiento de expectativas de mercado que desde hace dos años realiza el Banco Central (BCRA) le confirió el título de pronosticador más certero, por el alineamiento que sus proyecciones mostraron con la realidad.

Bein es de los que admiten que la corrección en los mercados aún no amerita rever la proyección de crecimiento del 8,2% que hizo para este año, aunque le movió mínimamente hacia abajo el margen para el 2007, “siempre y cuando se estabilice relativamente pronto el mercado y no haya una desaceleración más rápida en el crecimiento mundial”.


José Luis Espert, habitualmente crítico del rumbo de la economía local, tampoco cree que la volatilidad traiga problemas extra a la Argentina. “En primer lugar, porque no creo que la caída en los mercados continúe hasta generar pérdidas de capital que cambien dramáticamente el escenario mundial. En segundo lugar, porque en términos de flujos, estamos fuera del mercado de capitales, lo que hace que no revise nada para este año y, en todo caso, revise muy acotadamente lo previsto para 2007.”

La tesis más abonada indica que la suerte de la economía local ya no está atada a la evolución de las tasas de interés en el mundo, en la medida en que éstas no se disparen fuertemente, sino que depende de la evolución en las cotizaciones de los productos de precio internacional que más se exportan, obvia referencia a los granos y, más específicamente, a la soja.

Por simple consecución, entonces, estará más expuesta a que la sostenida demanda que de estos productos hacen los países que han dinamizado la economía mundial, como China y la India, tenga larga vida. “Hay que ver lo que ocurra con los precios de los commodities . Todavía queda por verse cuánto va a afectar el aumento coordinado en las tasas de interés internacionales (EE.UU., Europa, Turquía, Sudáfrica y Corea del Sur) en sus precios y si una desaceleración de la demanda norteamericana no va a ser sustituida por un aumento de la demanda en China”, señala Bein. Pero Espert no ve peligros al respecto porque dice: “Contrariamente a lo que pasó con los metales, la soja ajustó su precio en la segunda parte de 2004, cuando EE.UU. comenzó a subir las tasas, y ahí se quedó desde entonces, como adaptada a la nueva situación”.

Desde otro punto de vista, Luciano Laspina, director de la consultora Macrovisión, se reconoce tentado a decir que la suba internacional de tasas ayudará a la política económica. “Por primera vez en décadas, el ciclo de alza en las tasas sincronizó perfectamente con el ciclo macroeconómico local. Cuando la Argentina salía de la crisis de 2001-02 con una brecha potencial de producto que permitía y recomendaba aplicar políticas expansivas de demanda, el mundo acompañó con las tasas más bajas en décadas. Ahora, el cambio ocurre de manera sincronizada con la necesidad local de «sacar el pie del acelerador» para atemperar las presiones inflacionarias, aunque no es lo que preferiría el Gobierno.”

Para Julio Piekarz, lo que ayuda a inmunizar a la economía local ante este escenario es esto: “Tanto la deuda del Tesoro como la del BCRA, no está, en lo esencial, indexada a tasas internacionales y el riesgo que representa cualquier reversión de flujos es bajo porque aquí no habían ingresado tantos fondos y da para pensar que buena parte ya se retiró”. Además, y lo que no es menor para su consideración, “los drivers del crecimiento local en los últimos semestres han sido factores que no se verían afectados, como la demanda doméstica y no las exportaciones netas”, lo que lo hace mantener su previsión de crecimiento 2006 en 7,5% y cercano a 7% para 2007.

Manuel Sánchez Gómez abona esta visión de la situación. “A diferencia del pasado, la turbulencia financiera internacional, si bien afecta a las acciones y bonos locales, tiene bajo contagio sobre la macroeconomía. La presencia de altos superávit fiscal y de cuenta corriente más la reestructuración de la deuda que alivió las necesidades financieras del Tesoro, generan una coraza frente a estas situaciones por lo que, si bien los factores que están detrás de la turbulencia pueden afectar eventualmente la marcha de la economía local, no lo harán de manera dramática”, señaló.

Los economistas Aldo Abram, Nadin Argañaraz, también suscriben la tesis de una economía menos expuesta a los vaivenes financieros internacionales, aunque con matices y distinto grado de inquietud.

Más preocupado luce Abram, titular de la consultora Exante, quien no duda de que la incertidumbre en los mercados seguirá y moderará ostensiblemente el impulso positivo que para la economía significó la bonanza internacional de los últimos años, aunque no le da alta probabilidad a un escenario de crisis internacional que lo obligue a revisar sus proyecciones.

En una línea de pensamiento similar el presidente del Ieral, dependiente de la Fundación Mediterránea, Nadin Argañaraz, advierte que el aumento de 315 a 380 puntos que mostró la tasa de riesgo país en el último tiempo, en la medida que subsista, puede repercutir negativamente en las decisiones de inversión y, consecuentemente, en la tasa de crecimiento de la economía. Sin embargo, también destaca que la Argentina y la región muestran hoy una mayor solidez que la de años atrás. “La Argentina y Brasil han dejado de ser demandantes de ahorro externo para financiar su crecimiento”, subraya, lo que no las libra de cumplir con tareas y prepararse para un escenario menos benigno.

– ¿Qué tareas? , inquirió LA NACION.

-Sostener un nivel de ahorro fiscal que permita hacer frente al flujo de vencimiento de la deuda y abocarse a una agenda de competitividad es mucho más adecuado que optar, como ocurrió en otra oportunidad, por el piloto automático.

Nota Original: LA NACIÓN | 11/06/2006

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José Luis Espert

Doctor en Economía

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