Empresarios, con sorpresa y resignación

El cambio en Economía cayó mal entre los industriales, que se preocuparon por el aumento de poder del ministro De Vido

Consideraban a Lavagna el mejor ministro que el país podía tener y opinan que Felisa Miceli "es una buena persona"
En Buenos Aires, los analistas creen que triunfó la heterodoxia
ROSARIO.- Sentada a la derecha del estrado, la economista Débora Giorgi notó inquieto a Javier González Fraga, su compañero de panel, y le preguntó en voz baja: "¿Pasa algo?". El analista contestó en el mismo tono: "Hay rumores de cambios".

Fue ayer, a media mañana, en la Bolsa de Comercio de esta ciudad, durante la primera jornada de la 11ª Conferencia Industrial Argentina. González Fraga hablaba de la enorme predisposición que había tenido siempre el país hacia la volatilidad económica y, optimista, agregó que se estaba ahora frente a la oportunidad de crecer sostenidamente, sin sobresaltos, por mucho tiempo. Pero los casi 200 ejecutivos que escuchaban ya estaban en otra cosa: se había difundido la noticia del alejamiento de Roberto Lavagna y se notaba preocupación.

La primera impresión de los industriales fue de sorpresa y rechazo. Y hacia ahí apuntaban todas las palabras oídas por la mañana. Después, por la tarde, con cierta resignación, esa frescura inicial se transformó, una vez más, en declaraciones medidas para no convertir nada en una catástrofe. Hay, con todo, un dato insoslayable: la renuncia de Lavagna cayó mal en la UIA.

"¿Felisa Miceli va a negociar con el Fondo Monetario? Por favor?" El vicepresidente de un poderoso grupo industrial se tomaba la cabeza. Más calmo, Juan Lardizábal, director de Renault Argentina, se mostró "preocupado y sorprendido", según explicó. "No era el momento oportuno -dijo-. Lavagna ha sido un hombre fundamental, que ha aportado mucha mesura. No esperaba esto. De todos modos, hay razones para ser optimista: Miceli es una buena persona, que puede hacer una muy buena gestión. Esta no es la misma situación que en otras renuncias: hay superávit fiscal, muy buen nivel de reservas, balanza positiva y tipo de cambio razonable."

Lavagna era, para el ala más progresista de la UIA, el mejor ministro que la Argentina podía tener. Por eso la reacción fue, a diferencia de otras veces, tan espontánea. Esos dirigentes creen que ahora tendrá mayor peso el ministro de Planificación, Julio De Vido. "Es demasiado poder para una sola persona", razonó el presidente de una cámara. Rodolfo Achille, presidente de Asociación de Fabricantes de Autocomponentes, tampoco estaba demasiado locuaz: "Qué sé yo? Hubiera sido bueno que siguiera. Veremos". Y un director de otro grupo aparecía completamente desilusionado. "Es la decadencia irrefrenable argentina", dijo.

Algunos buscaban las razones de la renuncia. "Evidentemente, el ministro no tenía una independencia muy grande para algunas cuestiones -sostuvo Juan Carlos Lascurain, secretario general de Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina-. Uno se sorprende por la decisión. Ahora, el desafío es que Miceli tenga mayor flexibilidad para implementar algunas medidas."

Hubo otros, una minoría, a quienes el trago no les cayó mal. Por ejemplo a Cristiano Rattazzi, presidente de Fiat, que dijo tener total confianza en Felisa Miceli. ¿Cómo definiría a Lavagna?, se le preguntó. "Es lo que queda del duhaldismo, que llegó al poder porque De la Rúa no terminó el mandato. Y yo prefiero una Argentina que respete las instituciones. Después, con Kirchner, Lavagna tuvo el mérito de no mandar al país a la hiperinflación. Pero mi preocupación no es que a partir de ahora venga la inflación, porque la inflación ya está y es alta. Miceli es muy capaz y ha hecho una excelente gestión."

Por la tarde, con la realidad ya digerida, predominó la prudencia. Ningún dirigente ignoraba ayer que De Vido vendría hoy a cerrar la Conferencia. "Se terminó una etapa -dijo José Ignacio de Mendiguren-. No hay nada que nos haga prever problemas en la macroeconomía. Lo que queda por resolver es el problema central, que es la inflación." Héctor Méndez, presidente de la UIA, también fue positivo: "Fue un ministro muy exitoso. Pero eso no significa que el próximo ejecutor no lo vaya a ser. Miceli tuvo una muy buena gestión. El rumbo no es de Lavagna, el rumbo es del Presidente".


La Rosada es un iglú

En Buenos Aires, varios economistas se mostraron preocupados por lo que estimaron una falta de vuelo propio en la futura ministra. "Con la designación de [Felisa] Miceli, Néstor Kirchner convirtió la Casa Rosada en un iglú y ahora que son todos pingüinos nadie le hace sombra, pero tampoco le va a poder echar la culpa a nadie cuando las cosas no salgan bien", resumió José Luis Espert.

Dante Sica, director de la consultora Abeceb.com, cree que el Presidente homogeneizó su gabinete. ¿Buscando subordinación y valor?, preguntó LA NACION. "Puede ser, pero creo que se continuará con las políticas que implementaba Lavagna para enfriar la economía, el problema no era técnico, sino político", opinó. Según Luciano Laspina, con la salida de Lavagna "hemos perdido el muro de contención a las propuestas más heterodoxas del ala política del Gobierno y también se reducen las chances de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional."

Carlos Rodríguez, economista del CEMA, dijo que lo primero que deberá hacer Miceli es ganar respeto político: "Ella no es del riñón K, no es una economista reputada y su único antecedente fue dirigir el Banco Nación puesta por Lavagna".