Epocas de vacas gordas

Desde principios de año, las principales economías de la región están registrando tasas de crecimiento importantes y sólidos datos macroeconómicos.

En México, por ejemplo, los datos reales no dejan de corroborar el vigor del repunte, alejando incluso algunos de los retos que brotaron en 2003, como el de la competencia china. Así, el sector maquilador está mostrando un nuevo dinamismo, con exportaciones aumentando a tasas de 21% en los cinco primeros meses del año. Igualmente, el empleo repunta, situándose en abril en niveles no vistos desde 2001. Incluso, algunas empresas manufactureras que entre 2001 y 2003 habían deslocalizado hacia China, están ahora regresando a México (unas 300 en total).

En los últimos meses, gigantes como Motorola, General Electric o Electrolux han reanudado sus inversiones en las fábricas mexicanas. Claramente, para México y la mayoría de los países de la región, el año 2004 debería ser un gran año macroeconómico. Desde el punto de vista de los inversores parece dominar una mayor diferenciación entre los países. Si bien en 2003, el rally en la renta fija fue indiscriminado, los gestores de cartera tienden ahora a visualizar de manera más discriminada los riesgos y rendimientos dentro de la clase de activos de Latinoamérica.

Así, en cuanto a Brasil, las posiciones de underweight de los gestores de fondos dedicados a renta fija emergente se han incrementado en los últimos meses, situándose en mayo en los niveles más altos desde agosto 1999. A pesar de ello, y capitalizando sobre los datos positivos de comercio exterior, el avance de reformas y la aprobación por el Congreso brasileño de mantener el superávit fiscal primario en 4,25% del PIB hasta 2007, Brasil ha conseguido emitir en los mercados de capitales internacionales en dos ocasiones, la última con un bono a diez años por un monto de 750 millones de dólares y un spread de 632 pbs (sobre Brasil ver la sección más adelante).

De manera general, la aversión al riesgo se ha incrementado como lo reflejan las posiciones cash de los gestores de activos de renta fija emergente que se sitúan en niveles superiores al 7,5%. Si bien estos son inferiores al pico de abril (11%), están todavía muy por encima del promedio histórico (3,8%). Las expectativas de mayor gradualismo en las alzas de los tipos en EE.UU. llevaron a las salidas de flujos de cartera a desacelerarse en las últimas semanas. Los niveles de spreads reflejan ahora también una relativa “normalización” con respecto a los niveles de principios de año, anormalmente bajos. Igualmente, la volatilidad de los bonos latinoamericanos de menor calidad es ahora mayor que la de los bonos de países con grado de inversión.

Por último, las emisiones de bonos de los países emergentes se han reducido también de manera significativa. En junio, apenas superaron los US$ 2.200 millones, un monto cuatro veces inferior al registrado en enero 2004 (US$8.400 millones). La actual bonanza macroeconómica y el cambiante entorno internacional con las alzas de tipos en EE.UU. ya iniciadas y la liquidez global hacia emergentes reduciéndose, invitan sin embargo a cierta cautela prospectiva. Si bien algunos países registran claras mejoras en los saldos del sector público, con el repunte económico algunos también registraran mayores presiones sobre sus cuentas corrientes mientras seguirán teniendo importantes necesidades de financiación.

Es cierto que la mayoría de los emergentes, y de los latinoamericanos en particular, han conseguido mejorar sus ratios de deuda externa. Sin embargo, si comparamos las posiciones relativas de unos y otros tomando en cuenta los saldos del sector público, por un lado, y la suma del saldo de la cuenta corriente y de la deuda externa a corto plazo en porcentaje del PIB, por otro lado, la situación es más contrastada. De cara al futuro, será por lo tanto importante que los países, y algunos más que otros, consigan capitalizar la actual bonanza, lo cual dependerá de que la aprovechen realizando las reformas estructurales necesarias ¿Lo harán?