El gobierno combina ortodoxia fiscal con la heterodoxia del default de la deuda

El gobierno no sólo no es inocente de la actual violencia piquetera sino que, además, es en parte el responsable de la misma. Kirchner está organizando algo parecido a las milicias populares que tiene Chávez en Venezuela a efectos de enfrentar eventualmente problemas similares a los que jaquearon a de la Rúa. Una situación de ese tipo no debe descartarse a raíz de la dura lucha que el presidente está librando contra el sector de Duhalde dentro del Partido Justicialista, sostuvo el economista José Luis Espert en diálogo con ECONOMIA & MERCADO. A continuación se publica un resumen de la entrevista.


—¿Cuál es el alcance de la recuperación de la economía argentina?

—Hasta ahora la recuperación ha sido muy fuerte, de 16% desde el piso alcanzado en el primer trimestre de 2002. A fines de este año, el PBI se situará sólo un 8% por debajo del nivel registrado en 1998, que fue el más alto que alcanzó la economía argentina en los últimos cincuenta años. Si se lo ajustara por el crecimiento de la población, faltaría un 12%-13% para llegar a dicha marca, lo cual es realmente un desempeño importante luego de haberse experimentado una caída del 25% en términos de PIB per capita con respecto a 1998.


—¿Cómo prevé que se comporte la actividad económica en los próximos dieciocho meses?

—Hace quince meses la economía argentina estaba creciendo un 15% anual, es decir que duplicaba la tasa de crecimiento de China. A comienzos de este año, el crecimiento económico ya exhibía una tasa anualizada de 10%. En el segundo trimestre de 2004, la actividad crecía al 5%, lo que representa un tercio de la velocidad a la que venía recuperándose un año atrás o la mitad del del primer trimestre de este año. Por lo tanto, estamos en presencia de una desaceleración importante del crecimiento, que obedece a cuatro factores fundamentales. En primer término figura un cambio desfavorable del escenario internacional, especialmente en lo que se refiere a la suba de las tasas de interés en Estados Unidos. En segundo lugar, el precio de la soja que tuvo una incidencia muy grande en la recuperación económica de Argentina, ha bajado U$S 50 de sus máximos históricos, ubicándose ligeramente por encima del promedio de los últimos cincuenta años. Tercero, se ha profundizado la crisis energética interna, que se manifiesta por los cortes en la provisión de gas, particularmente sobre la industria, debido a que se ha mantenido por tres años el desastre de la pesificación de las tarifas de los servicios públicos. En cuarto lugar, pero no por eso de menor importancia, los problemas políticos, especialmente por la sensación de inseguridad que provoca el fenómeno piquetero, van ya dañan el clima de inversiones domésticas.


—¿En qué grado puede afectar a la economía argentina la suba de la tasa de interés fijada por la Reserva Federal de Estados Unidos el pasado 30 de junio?

—En realidad, las tasas de interés de largo plazo ya habían descontado un punto porcentual de suba desde mucho antes de la decisión oficial de la FED. A pesar de que Argentina está fuera del planeta debido al default de su deuda pública, su economía va a sentir el alza de los intereses bancarios en Estados Unidos a través de los efectos que tuvieron en Brasil las expectativas de ese aumento. Desde principios de este año, se ha acrecentado el riesgo del vecino país y su actividad económica crece a un ritmo menor al previsto del 3.5% según nuestras estimaciones para 2004.


—¿Hay un nuevo escenario económico en curso en Argentina?

— En los últimos treinta años Argentina ha estado girando de izquierda a derecha y viceversa siempre dentro de un tipo de capitalismo totalmente decadente. Ahora se está llevando a cabo el cuarto giro ideológico de 180º (o sea, de blanco a negro o de negro a blanco) desde mediados de los setenta. Todos ellos fueron muy violentos porque cada vez que el gobierno que hace el giro encuentra alguna falla en lo hecho en la década anterior, se la utiliza de excusa para tratar de arrasar con todo lo construido en el pasado. La violencia de estos giros ideológicos ha conspirado contra los objetivos de mejorar la situación de la población. En cambio, ha colocado a Argentina entre los países de mayor desigualdad en la distribución del ingreso, pobreza e indigencia. Hace un siglo esta nación creía que tenía un destino europeo. Hacia mediados del siglo XX ya se habían perdido las esperanzas de llegar a estar entre las diez mayores potencias del mundo y se estaba al mismo nivel que Australia. Hoy se trata de no llegar a quedar en un pie de igualdad con Bolivia, Perú o Venezuela.

—El planteo económico de Kirchner es totalmente obsoleto. Medio siglo después de la finalización de la Segunda Guerra Mundial y 15 años después de la caída de la Cortina de Hierro, resulta absurdo insistir con las políticas económicas de entreguerras. Su plan económico consta de dos pilares: sustitución de importaciones y redistribución de los ingresos desde el Estado en base a impuestos expropiatorios que, obviamente, sólo paga la mitad de la población porque el resto los evade. Por supuesto, ese programa no le va a permitir al gobierno alcanzar el objetivo de duplicar el PIB argentino cada 15 años, como declaró el presidente al asumir su cargo el 25 de mayo de 2003.


—¿Cuál es el plan del equipo económico para redistribuir los ingresos?

—Se pretende hacer una redistribución de los ingresos mediante una presión tributaria récord. El país nunca tuvo una recaudación de impuestos efectiva tan alta como la actual. Eso se ha logrado a través del ajuste de los balances de las empresas, que están pagando impuestos sobre la inflación, las retenciones a las exportaciones, la suba de salarios por decreto que ha resultado en fuertes aumentos en los costos laborales, etc. Toda masa de recursos va a planes sociales, aumentos de salarios privados por decreto, aumento de salarios públicos, subas en las jubilaciones y clientes y amigos del gobierno.


Estado empresario


—¿Qué papel aspira Kirchner que desempeñe el Estado en la economía?

—Kirchner le asigna una enorme importancia al Estado empresario. Así es que la Administración vuelve a explotar el Correo, dirigir un aerolínea, Lafsa, y propone crear una empresa de energía, Enarsa y transitoriamente ha estatizado los ferrocarriles. El Estado también interviene en la gestión de los servicios públicos que fueron privatizados en la última década mediante la creación de fideicomisos e instrumentos legales similares que construyen la infraestructura que en la última década habría sido hecho por la empresa privada. El gobierno tampoco ha ajustado las tarifas de los servicios públicos deliberadamente porque durante todo este período ha estado haciendo lo necesario para crear el consenso y las condiciones necesarias para crear una empresa estatal. Esa política es funcional a su deseo de desarrollar un capitalismo nacional que, en la medida de lo posible, desplace a la empresa extranjera, bajo la hipótesis de que los capitales foráneos van retirarse en caso de no ajustarse las tarifas, para lo cual también contribuye la inseguridad jurídica y el incremento de la violencia social que cuenta con el beneplácito del gobierno. También el no pago de la deuda sirve, en su concepción, para desarrollar el mercado doméstico porque al no pagar, no se producen efectos deflacionarios.

En resumidas cuentas, Kirchner pretende seguir con nuestro viejo y decadente esquema de que el Estado sea socio del sector privado, que haga negocios con los empresarios, que desarrolle un capitalismo nacional y que, en lo posible, todo el país sea un gigantesco Plan de Jefes y Jefas de Hogar para maximizar el clientelismo político y que no haya ciudadano argentino que no le deba la vida a él.


Violencia piquetera


—¿Cómo evalúa la pasividad del gobierno ante el brote de violencia protagonizado por los sectores piqueteros?

—La violencia piquetera comenzó cortando rutas y siguió bloqueando puentes. Luego avanzó hacia la ciudad, provocando el cierre de calles y tomando lugares públicos como ocurrió con el edificio del Ministerio de Trabajo el año pasado. Después procedieron a atacar empresas privadas como Repsol y McDonald’s y, recientemente, ocuparon una comisaría durante nueve horas. En su escalada, ahora están “apretando” a la Justicia, ya que hicieron transmitir por un canal de TV una audiencia pública de un tribunal de La Matanza debido a la muerte del hijo de un piquetero. No tengo dudas que es una violencia que goza del beneplácito del gobierno dado que su objetivo primario es contar con una fuerza de choque propia.


—¿A qué apunta ese objetivo específicamente?

—El gobierno no sólo no es inocente de la actual violencia piquetera sino que, además, es en parte el responsable de la misma. Kirchner está organizando algo parecido a las milicias populares como las que tiene Chávez en Venezuela a efectos de enfrentar eventualmente problemas similares a los que jaquearon a de la Rúa. A pesar de que el gobierno de este último se caía de todas maneras, la violencia social, que se mostró bastante organizada durante los sucesos de fines de 2001, tuvo mucho que ver con el desenlace. Por eso Kirchner se está armando por si tiene que hacer frente a una situación parecida, que no debe descartarse a raíz de la dura lucha que está librando contra el sector de Duhalde dentro del Partido Justicialista. Kirchner está sometiendo al Partido Justicialista y todo el país a una enorme tensión –Argentina vive hoy un régimen de partido único- en su intento de transformar al peronismo en un parido de izquierda, lo cual se opone al propósito del resto de esa colectividad (duhaldismo y menemismo) que pretende un partido hegemónico que aglutine tanto a la derecha como a la izquierda. No fue por casualidad que el gobierno envió a tres integrantes del gabinete ministerial al lanzamiento político de los piqueteros ni que pocos días después el Jefe de Gabinete del gobierno recibiera dos veces al líder de ese movimiento, luego que este permaneciera nueve horas ocupado una comisaría en el Barrio de la Boca en Buenos Aires.


—¿En qué medida este clima de agitación social ha de afectar a la actividad económica?

—Esta situación es muy dañina para la imagen del país. No hay que olvidar que la República Argentina vivió toda la década de los noventa a costa de los fondos provenientes del endeudamiento externo y la privatización de las empresas de servicios públicos, luego violó groseramente los dos contratos y hace casi tres años que no negocia con seriedad en ninguno de los frentes . Ahora el gobierno sólo sabe vituperar contra quienes desde el exterior invirtieron en bonos o en proyectos de riesgo y, por si fuera poco, organiza milicias populares reeditando un enfrentamiento fratricida dentro del peronismo similar al de hace tres décadas.


Ortodoxia fiscal

—¿Cómo se compatibiliza, entonces, un presidente de izquierda con la ortodoxia fiscal de su administración?

—Hay dos datos positivos de este gobierno de izquierda. Uno es que sus miembros, pese al pasado violento de muchos de ellos, no dirimen sus diferencias a tiros con quienes los critican, aunque suelen recurrir al arma de la difamación como sucedió recientemente con la llamada “teoría de la conspiración”, que calificó a algunos intelectuales de complotadores y cuando un juez quiso investigar el hecho fue el propio presidente Kirchner quien le pidió que no “judicializara” sus denuncias . El otro dato es que la izquierda argentina ha entendido que la cuestión fiscal fue determinante de lo ocurrido en el país durante los últimos treinta años. El enorme déficit fiscal destruyó programas como el Plan Austral, condujo a la hiperinflación de fines de los años ochenta y trajo consigo la peor crisis económica en la historia de la Argentina a fines de 2001.


—¿Cómo ha podido el gobierno alcanzar el actual superávit fiscal primario, cuyo saldo acumulado en los primeros cinco meses del año equivale a la meta prevista para todo 2004?

—Para ello el gobierno continuó sin pagarle a los tenedores privados de bonos argentinos, es decir que el gobierno ha hecho coincidir la ortodoxia de tener déficit fiscal cero con la heterodoxia del default de la deuda. Además, los ahorros logrados se deben al aumento muy importante de la recaudación. De todos modos, el gasto público ha crecido enormemente, en términos reales no es muy distinto al que existía antes de la crisis 2001-2002.


Default e inversión


—¿Cuáles son las perspectivas de que Argentina pueda salir del default?

—El gobierno ya presentó dos propuestas para negociar la deuda externa: una fue en septiembre de 2003 en Dubai y la otra el 1º de junio en Buenos Aires. Ambas fueron rechazadas de plano por los acreedores pese a que los términos de la segunda propuesta casi triplican las cifras incluidas en la primera. En Dubai se reconocía, en términos reales, un 7% de la deuda, mientras que en la reciente negociación se ofreció el pago de un 20% de lo prestado. Sin embargo, los acreedores han manifestado una vez más su rechazo. Por tanto, es probable que no se produzca un acuerdo al respecto durante todo el segundo semestre aunque estoy viendo que la presión internacional va creciendo de manera muy fuerte.

—El ministro Lavagna afirmó recientemente que después que Argentina presentó en setiembre de 2003 su oferta de reestructuración de la deuda con los acreedores privados “hubo cualquier cantidad de discursos en contra, pero la inversión en Argentina está en los niveles históricos”. ¿Cómo se explica esta situación?

—Eso no es cierto ya que la inversión está muy lejos de las cifras récord registradas en 1998. Las propias cuentas oficiales muestran que no han ingresado capitales de no residentes para invertir en el país. Esos mismos datos indican que el factor que ha tenido un efecto reactivador muy fuerte es que desapareció el pánico de los argentinos por la gravedad de la situación económica, que había encontrado su máxima expresión a fines de 2001 y principios de 2002. Por consiguiente, la fuga de capitales argentinos es mucho menor actualmente. Su contracara es la recuperación que se operado en algunos sectores como, por ejemplo, la construcción y el turismo que están en pleno auge.

Los bancos están quebrados patrimonialmente


—¿Cómo ha hecho Argentina para crecer sin crédito?

—La economía argentina dejó de utilizar al sistema financiero y pasó a hacer todas las transacciones al contado o a través de las cuentas corrientes.


—¿Hasta cuándo puede durar esa situación?

—El crédito bancario cayó ininterrumpidamente durante cuatro años, habiéndose detenido recién en el primer trimestre de este año. Desde entonces la disponibilidad de préstamos bancarios se está incrementado gradualmente. En el segundo trimestre empezaron a recuperarse los adelantos en cuenta corriente, el descuento de documentos y similares, o sea el financiamiento del capital de trabajo a las empresas. No ocurre lo mismo con los créditos con garantía real, es decir con garantía prendario o hipotecaria, que aún no han crecido, pero la buena noticia es que han dejado de caer luego de seis años de caída nominal.


—¿Qué posibilidades existen de que se acelere el crecimiento del crédito en el segundo trimestre?

—El crédito está creciendo a una tasa del 10% anual, pero difícilmente pueda expandirse en forma masiva porque en Argentina los bancos están quebrados patrimonialmente y, además, sólo obtienen rentabilidad positiva en algunos trimestres porque la tasa de interés internacional ha estado en el piso. Por consiguiente, no creo que Argentina cuente con un sistema bancario que pueda desenvolverse cómodamente con el crédito.


—¿Cuáles son las perspectivas del sistema bancario ?

—El sistema bancario argentino está totalmente descapitalizado y con resultados positivos en el corto plazo que dependen crucialmente de una tasa de interés pasiva extremadamente baja que está desapareciendo porque si vine un ciclo de política monetaria más dura en Estados Unidos. Sin duda habrá que efectuar una gran reestructuración del sector porque el gobierno debe exigirle a los banqueros que capitalicen sus instituciones o que las pongan a la venta. No se puede continuar permitiendo que los bancos no hagan el aporte de capital necesario para alcanzar un nivel patrimonial mínimo. El problema es que el Estado no puede decirle a un banquero que aporte capital con el actual programa económico y un panorama social extremadamente violento a lo que se agrega un contexto internacional que dejará de ser favorable para pasar a jugar en contra de los intereses argentinos.


—¿Qué futuro vislumbra para la banca estatal argentina?

—Los dos grandes bancos públicos argentinos, el Banco Nación y el Banco Provincia de Buenos Aires, se salvaron con el “corralito” y el actual gobierno no sólo no los hará rendir cuentas de su ineficiencia sino que contribuirá a reflotarlos. El Estado debió haber decretado la quiebra del Banco Provincia hace tiempo porque ha sido la caja de la corrupción de toda esa jurisdicción en la última década. Lamentablemente ahora se está hablando de crear un nuevo banco de inversión como el que funcionó a mediados del siglo XX. En Argentina todo lo que fracasó está volviendo, con la honrosa excepción de la disciplina fiscal


—En 2002 hubo una gran depreciación del peso argentino, ¿cuál sería el tipo de cambio de equilibro en la actualidad?

—Estimo que una cotización de tres pesos por dólar es bastante razonable. Mientras que hace tres años la paridad de un peso por dólar era insostenible, el actual tipo de cambio es sustentable. El programa económico del gobierno, aunque ridículo, no adolece de fallas técnicas groseras que puedan hacerlo explotar como sí ocurrió con la convertibilidad. Esta última se cayó porque era una mezcla de tres incoherencias técnicas mayúsculas: atraso cambiario, alto endeudamiento externo y dolarización de los contratos. En cambio, Argentina hoy se maneja con un dólar caro, no se genera endeudamiento externo ni hay dolarización luego de haberse destruido los contratos con acreedores e inversores. Sin embargo, el gobierno difícilmente podrá lograr que la economía argentina pueda crecer sostenidamente a tasas altas durante los próximos 15 años como es su aspiración.


—¿En qué medida la intervención del Banco Central está evitando oscilaciones mayores en la cotización del dólar en Argentina?

—A pesar de las declaraciones del gobierno destacando la libre flotación de la moneda, en realidad Argentina tiene un tipo de cambio fijo a tres pesos por dólar. El Banco Central se esfuerza permanentemente para que el valor de la divisa estadounidense se mantenga estable.Si la Autoridad Monetaria no interviniese en el mercado de cambios local, el dólar estaría muy por debajo de su actual cotización.


-¿A qué se debe que el dólar esté tan ofrecido actualmente?

– Hay una falta de transparencia muy grande en esta área. Existiendo varios elementos que distorsionan considerablemente la oferta y demanda de moneda extranjera. Todavía funciona el control cambiario ya que los exportadores están obligados a ingresar las divisas provenientes de sus ventas al exterior a través del mercado oficial de cambios. Si el gobierno cumpliera con su deber y eliminara por completo la obligación de liquidar internamente las exportaciones, el dólar no estaría tan ofrecido. Si el gobierno abriera la economía reduciendo los aranceles de importación para que el país pueda insertarse más al mundo, habría una mayor demanda de bienes del exterior y, seguramente, la cotización de la divisa sería más elevada. Si Argentina terminara de renegociar su deuda con los acreedores privados, habría también más demanda de dólares para amortizar el capital y pagar los intereses. O sea, si el gobierno fuera algo más razonable desde el punto de vista técnico, la moneda estadounidense tendría menos oferta y mayor demanda.


— ¿Cómo evolucionará el peso argentino en la segunda mitad del año cuando haya menos exportaciones por razones estaciónales y comience a jugar el factor negociación con el FMI para fijar en septiembre las nuevas metas fiscales de 2005 y 2006?

—El segundo semestre va a seguir marcando alguna apreciación del tipo real de cambio. A pesar de que la cotización se mantenga en un nivel de tres pesos por dólar, el aumento de los precios internos va a ser superior a la posible suba que pueda tener el dólar en la segunda mitad del año y además ya tenemos más inflación que nuestros principales socios comerciales. Sólo podría haber una caída significativa del valor del peso si se produjera una fuerte crisis financiera debido a una corrida de depósitos bancarios, lo cual no es predecible en el horizonte cercano. Sin embargo, la escalada de violencia política entre kirchneristas y duhaldistas así como el incremento de la violencia social en todo el país pueden provocar una inestabilidad económica de efectos muy graves, no sé cuando.


—¿Cómo prevé que evolucione la inflación?

—La inflación anualizada se ha duplicado en el primer semestre de este año con respecto a la tasa de 3.5% registrada en 2003. Con estos antecedentes, estimo que ha de llegar al 8% en el segundo semestre y se va a mantener en niveles similares en 2005. Por lo tanto, Argentina no está ante la presencia de un fenómeno de inflación acelerada, sino que más bien se está produciendo un reacomodamiento de algunos precios.