Preyecciones 2003

Las buenas expectativas se combinan con ciertos rasgos de incertidumbre. La desacaleración del PBI preocupa. Todos piden inversión para el despegue.

Es una contradicción insoluble hasta el momento. Un verdadero karma para este gobierno. Los índices que favorecen la capacidad adquisitiva de la gente caída del dólar, deflación de precios- perjudican el lento proceso de reactivación de la economía exportaciones menos rentables, menor sustitución de importaciones-. Son proyecciones todavía provisorias. Pero certeras. Por ejemplo, desde principios de año hasta el 26 de junio pasado, el peso se apreció varias veces: el tipo de cambio nominal respecto al dólar cayó un 17%. Así, los salarios empezaron a recuperarse, luego del brutal golpe sufrido en el 2002 por la devaluación y la inflación. Pero, simultáneamente, esa misma baja del dólar está afectando el nivel de exportaciones, el márgen para sustituir importaciones, las perspectivas de recaudación y los porcentajes de licuación del gasto público, las cuatro variables que son exhibidas por Economía como síntomas de un presunto crecimiento.

Además,por segunda vez en 18 meses, los precios al público cayeron otro pequeño porcentaje, alertando a las autoridades sobre los peligros que acarrearía esta tendencia deflacionaria, al fin y al cabo un reflejo recesivo aunque, por el momento, facilite el consumo básico en supermercados.

El dólar bajo y el descenso del índice de precios al consumidor angustian al equipo económico, sobre todo porque pueden alterar los pronósticos esbozados para el 2003. A tal punto que Roberto Lavagna sinceró, una vez más, su estrategia: "Para que la economía despegue de la recesión que comenzó en el `98, es vital mantener el dólar a un precio sustancialmente más alto que los $ 2,82 actuales, no sólo hasta fin de año sino por el resto de la década". De este modo, justificó, incluso, el anunciado control de los capitales golondrina: es que un flujo excesivo de divisas de corto plazo movido por el interés especulativo de fondos que quieren obtener aquí tasas mayores al 1% que se paga en el mercado internacional de capitales- promovería una mayor oferta de dólares y, por lo tanto, su abaratamiento. De hecho, el Banco Central, de acuerdo con Economía y con el guiño del FMI, viene aplicando una fuerte política emisionista (más de $ 4.000 millones) para absorber la actual sobreoferta de dólares de las exportaciones sin correr riesgos inflacionarios. Aún así, no logra hacerlo repuntar hasta el nivel mínimo deseable de $3. El Fondo, por ejemplo, ajustó sus previsiones respecto a la Argentina en materia de PBI de 3 al 4% anual y de inflación del 35 al 15 o 20%, pero no revisó aún el valor del dólar, proyectado hasta ahora en $ 3,85 para fin de año.


MODELO PARA ARMAR

El "modelo" Lavagna coincide con un ejercicio conjetural que hizo recientemente el Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas, IAEF, para el mediano plazo. "No menos de 10 años con resultados positivos en ambos frentes (dólar y precios relativos) implican dice el IAEF- tipo de cambio real más alto que en la década del `90 y salarios reales, y costos laborales, más bajos que en ese entonces".

En una palabra, habrá que resignarse a un perfil económico más modesto y a oportunidades de inversión menos dinámicas y de efecto retardado. Esta convicción sobre el mediano plazo es la que genera, en la mayoría de las consultoras económicas, pronósticos bien poco exitistas para el fin del 2003. Es que, en el primer semestre, el crecimiento económico se presentó más bien retraído y con tendencia a frenarse: en abril, mayo y junio, el PBI creció apenas un 0,5% contra el 2,4% del primer trimestre; el interanual de enero, febrero y marzo dio una suba del 5,4%, pero el del segundo trimestre un 4,8%, y las estimaciones apenas redondean el 4% para lo que resta del año (después de un derrumbe del PBI del 11% en todo el 2002). En los últimos meses, hubo retrocesos no sólo en la producción industrial, sino en la construcción, ventas en shóppings, consumo de servicios públicos y en la demanda de crédito del sector privado. Sí aumentaron las ventas en los supermercados, los depósitos en los bancos ($ 1.000 millones en junio), el índice de confianza del consumidor respecto a los bienes básicos (no sobre los durables) y se mantiene positiva la actividad agropecuaria. La suma de todos estos factores arrojaría algo bastante parecido a cero.


AGENDA DE PRIORIDADES

¿Cómo salir entonces de esta meseta económica y consolidar la leve reactivación iniciada en el último trimestre del 2002? Si los consultados son los grandes empresarios, la respuesta es más bien escéptica, aunque unánime: "Se sale con créditos e inversiones", aseguran. Ven al gobierno excesivamente concentrado en la política y falto de un plan económico. Los economistas, en cambio, más que un plan proponen una agenda de prioridades capaz de destrabar los puntos neurálgicos de la economía: "Restablecer un sistema financiero para incentivar el crédito y la inversión y renegociar la deuda para dar previsibilidad al superávit fiscal y los ingresos por exportaciones", coincide la mayoría. Es muy difícil pedirles mayor productividad a los empresarios, dicen, sin que éstos sepan a cuánto va a estar el dólar, con qué préstamos pueden contar, cuál va a ser el nivel de precios relativos y cómo se estabilizará la tasa de inflación. Todas variables excesivamente volátiles si se intenta proyectar un esquema elemental de reactivación hacia fin de año.

El economista argentino Alberto Ades, de Goldman Sachs, opina que falta crear condiciones de mayor certidumbre para fomentar la inversión. "El 4% de crecimiento para este año ya está, pero no veo entusiasmo en los inversores. Ningún país puede crecer si tiene inversión neta negativa. Y para recuperar las inversiones se necesita recomponer el sistema financiero. La experiencia demuestra que tener un sistema financiero que intermedie el ahorro y lo convierta en inversión permite crecer mejor y más rápido." Los economistas de Ecolatina, la consultora que fundó Lavagna, comparten el mismo criterio: mantienen su proyección de crecimiento del PBI en un 4,5% para todo el año y calculan una suba del consumo del 4% anual. "Pero para que el crecimiento se reactive sostienen- es prioritario que los agentes económicos puedan exceder la restricción presupuestaria que tienen hoy y trasladar el ingreso futuro al presente". Por la vía del crédito, claro está.

Es interesante lo que dicen respecto al consumo. Proyectan una lenta recomposición del ingreso real y un desahorro de los sectores de ingresos medios y altos, que permitirá mayor consumo cash, "pero advierten- sólo en el 2007 se alcanzarán los niveles de 1998."

El economista Héctor Valle, de FIDE, prevee una desaceleración para la segunda mitad del año y calcula cifras un PBI creciendo al 3,5%- que reflejarían la incertidumbre sobre cómo se crecerá el año que viene. Federico Sturzenegger calcula un PI del 5% y el dólar estabilizado en los valores actuales, pero estima una aceleración de la inflación hacia fin de año. Un trabajo de Jorge Shvarzer y Hernán Finkelstein para el Cespa, Centro de Estudios de la Situación y las Perspectivas de la Argentina (vinculado al Grupo Fénix) dice, por su lado, que deberá intensificarse la sustitución de importaciones para contener el alza potencial de aquéllas y que se frene la tasa de crecimiento. Broda sostiene que, luego del fuerte crecimiento del 2003, las próximas tasas de variación del PBI serán "mediocres", de entre el 3 y el 4%. "Con un crecimiento del 5% este año y 3% en el 2004, habremos recuperado apenas el 50% de la caída registrada desde el segundo trimestre del `98", subraya. La mayoría de las proyecciones calculan para fines del 2003 un dólar alrededor de los $3, una inflación de entre 9 y 13% y leves, levísimas, variaciones a la baja en la tasa de desempleo y un crecimiento de las exportaciones que no superaría el 12%. Carlos Arbía, de Exante, asegura que el 4,1% proyectado de suba del PBI es un número bueno, pero que no da para descorchar champagne. Ve limitaciones en el modelo: "El nuevo capitalismo nacional surgirá de la producción agroexportadora, con una participación cada vez más alta de los commodities y en base a productos de poco valor agregado."


LOS DOLORES DE CABEZA

Más allá de la diversidad de ópticas políticas y de las demandas sectoriales -más o menos oficialistas y más o menos salvajes-, nadie espera grandes cambios respecto a la actual mediocridad económica. Al menos, durante el último semestre del año. Las previsiones en materia de PBI, inflación, dólar, consumo, empleo y superávit no resultan sorpresivas ni anticipan grandes cambios de tenjdencia.

Las mayores expectativas están centradas en la regularización de los bancos y en el inicio de la renegociación de la deuda, los dos únicos temas en los que Lavagna está apurando el paso. Envió al Congreso un proyecto de compensación al sistema financiero por un valor aproximado de $ 9.000 millones y anticipó que a mediados de septiembre la Argentina presentará el nuevo bono de su deuda, que reemplazará a los 152 emitidos hasta ahora, en poder de 750.000 acreedores privados repartidos en más de una decena de países. Hoy por hoy, los bancos y la deuda provocan los mayores dolores de cabeza de Lavagna.

Miguel Ángel Broda, uno de los economistas que más detesta el ministro (porque lo asocia a anteriores pronósticos catastróficos que no se cumplieron), introdujo otra especulación irritante en su última columna dominical de "La Nación". Planteó que, luego de reestructurar la deuda, el superávit primario de la Argentina sería insuficiente. Broda recordó que, en el período 1991-2001, años de fuerte crecimiento, el superávit primario fue en promedio cero. Y que la necesidad de tenerlo ahora no pasa porque lo exija el FMI, sino porque son los recursos necesarios para servir la abultada deuda pública, que ascenderá nada menos que a u$s 196.000 millones a fines de 2003, según los cálculos oficiales (163 por ciento del PBI, a un tipo de cambio de $ 2,90 por dólar y con un CER a 1,50). Asusta Broda: "Aún suponiendo que, por los u$s 123.000 millones de deuda que se reestructurarían (incluyendo préstamos garantizados), se consiga una quita de 70 por ciento a valor presente, sin pagos de amortización en los próximos años y con una tasa de sólo un 2% anual, y que además se obtengan otras fuentes de financiamiento (expansión monetaria por señoriaje y cobro de deudas a provincias por deuda nacionalizada y cuasi monedas) por un monto equivalente a alrededor de 2% del PBI, el superávit primario "ajustado" necesario para servir la deuda alcanzaría a cerca del 4% del PBI (unos $ 5600 millones) promedio anual en el trienio 2005-2007". El superávit previsto oficialmente para el año, sin embargo, es del 2,5% del PBI y Lavagna tiene in mente sólo los u$s 2.500 millones comprometidos hasta ahora. No quiso ni escuchar cuando el FMI insinuó que debería aumentarse en vista de los futuros compromisos de la deuda renegociada. "Sólo se pagará deuda en proporción al crecimiento", arengó el propio Néstor Kirchner a Hoerst Kohler durante su reciente visita al país.

Aún así, el gobierno piensa que logrará reestructurar su deuda con quitas de capital, extensión de plazos, rebaja de intereses y un nuevo bono de 25 a 30 años, antes de fines de septiembre, mes en el que tendrá que hallar, además, una fórmula para bicicletear vencimientos por u$s 3.300 millones ante los organismos internacionales, que no pueden renovarse automáticamente.

El Fondo, sin embargo, no se pondrá tan ansioso con el rediseño de los contratos y el descongelamiento de las tarifas de los servicios públicos y moderará, incluso, sus expectativas respecto a la aprobación rápida de una nueva ley de Coparticipación y otras reformas a las que llama "estructurales". Pero irá a fondo con el aumento del superávit fiscal primario hasta, por lo menos, un 3,5% del PBI. O sea, la economía deberá crecer en serio y la recaudación deberá incluir a los grandes evasores, si es que tanto el gobierno de Kirchner como el bureau del FMI comparten la idea de firmar un acuerdo de mediano plazo de 3 años. Lavagna, en cambio, preferiría otro corto, porque considera que el trienal será "infirmable".

¿Estimular el consumo reprimiendo la inflación o inflacionar la economía para hacer subir el dólar? Son los dilemas que agitan a los técnicos cortoplacistas de Economía. Temen que el rebote reactivador se agote y la actividad vuelva a hundirse, sobre todo teniendo en cuenta la mala situación internacional y las pobres perspectivas regionales. El PBI brasileño cayó en el primer trimestre del 2003 y el Banco Central recortó sus proyecciones de crecimiento para el año desde el 2,2% a un 1,5% y aumentó en cambio las previsiones inflacionarias del 8,5 al 10,2%. La Argentina, como dijo el economista Daniel Artana, va a seguir creciendo en el último semestre, "pero no tanto". Según él, por ahora, mientras la economía le da tiempo a la política para que Kirchner consolide su poder, no habrá cambios espectaculares, "pero si falla el timing la recuperación que tendría que desembocar en el crecimiento, podría terminar en estancamiento".

Los malos augurios no forman parte del denominador común de empresarios y economistas. Casi nadie proyecta catástrofes inflacionarias o dolarizadoras, como en otras épocas, aunque escasean los optimistas en rubros como consumo, empleo, salarios y exportaciones. El gran meollo de la economía parece ser la medida en que puedan mejorar los índices del crédito y la tasa de inversión privados. Y el arreglo futuro de las cuentas públicas con los acreedores locales y externos (endeudamiento del cual sólo u$s 35.000 millones corresponden a organismos multilaterales, u$s 20.000 millones a argentinos, u$s 70.000 millones a préstamos garantizados y el resto a tenedores privados). Desatar ambos nudos en los próximos 6 meses constituiría un formidable paso adelante, que la proyección inercial de la macro, tal cual está ahora, no podría jamás igualar.

Pero, para eso, haría falta que la política no siga postergando a la economía.

Crecer, ¿Hasta Cuándo? – Por Jose Luis Espert

Entre la ortodoxia fiscal de la dupla Duhalde-Kirchner y el piso al cual cayó la actividad económica después del colapso en 2002, la recuperación es muy fuerte, entre 5 % y 6 % en el presente año, con inflación minorista por debajo del 5%, mayoristas con deflación y dólar estable. ¿Cuánto tiempo más puede crecer la economía? Aún sin reconstruir lo que se destruyó el año pasado (bancos, crédito externo y contratos privatizados), pero manteniendo una política fiscal dura, podemos seguir recuperándonos, aunque a una tasa menor, durante lo que queda de 2003 y el año que viene también. Pero será difícil sostener el crecimiento hasta el fin del mandato de Kirchner en 2007 si no se restaura la confianza para que los bancos presten y vengan los capitales a prestarnos y a realizar inversiones directas de nuevo.

A su vez, para que la expansión se sostenga más allá de un período presidencial es necesario que tanto los préstamos bancarios como los flujos de capitales se orienten a financiar proyectos de inversión en exportables que generen las divisas para que exista sostenibilidad en la capacidad de repago de esos fondos.

Es importante no repetir la trágica experiencia de los ’90 de financiar con capitales externos un boom de consumo e inversión doméstica, nada más que ahora sin déficit y fiscal. Lamentablemente, no parece que este replaneo estratégico esté en la mente de Kirchner, quien hasta ahora está repitiendo el viejo y gastado slogan populista de obra pública más crédito blando desde los bancos oficiales aunque con la grata novedad de que respetan el equilibrio fiscal.