Acercándonos al ballottage: Menem vs Kirchner

Si nuestra centro-izquierda aprendió la lección acerca del determinismo de lo fiscal que hizo colapsar a la convertibilidad, ya no generará crisis financieras del estilo hiperinflación 1989. De esta manera, las diferencias ideológicas entre Menem y Kirchner ya no serán el supuesto cielo menemista y el infierno kirchneriano si no que estarán concentradas en la apertura de la economía y en la presión impositiva de mediano plazo.

Más allá de lo que afirmen sus "viudas", la convertibilidad se cayó por una década de inconsistencia entre la regla cambiaria y la política fiscal (20 años antes, lo mismo había ocurrido con la "Tablita" de Martínez de Hoz). O sea, el default y la devaluación, que marcaron el fin de 10 años de tipo de cambio fijo por ley, hubieran ocurrido con Menem, Duhalde, Mandrake o Maradona en el poder. Porque hay una cosa que hay que tener claro, en economía la ley de gravedad existe, por lo tanto, existe el determinismo de lo fiscal en el sentido que déficits fiscales altos y sostenidos en el tiempo terminan en grandes desastres como los que sufrimos en 2001 y 2002. Aunque es cierto que Rodríguez Saá y Duhalde le agregaron la actitud de "gozo" además de la declaración de no pago de la deuda y la barbarie de la pesificación de la economía respectivamente, cosas que agravaron las terribles consecuencias que de por sí ya tenían la suspensión de los pagos externos y la alteración cambiaria.

Sin embargo, la sociedad argentina, no sin razón, asoció la recesión económica desde mediados de 1998 y el colapso reciente, a las reformas promercado de privatizaciones, apertura de la economía, desregulaciones y liberalizaciones que se hicieron durante los 90 y que gozaron del beneplácito de todas los organismos internacionales de crédito, la comunidad financiera internacional, el mundo desarrollado y casi todo el liberalismo argentino. Así es que, desde fines de 1999 con las elecciones presidenciales que lo pusieron a De la Rúa en la presidencia, la sociedad argentina giró ideológicamente hacia una centro-izquierda que posteriormente de la mano de Duhalde, demostró haber aprendido una lección que tenía completamente olvidada en su idealismo irresponsable de los ´70 y ´80 y en la cual tampoco había reparado el liberalismo vernáculo de la década del 90: el determinismo de lo fiscal. Por culpa de diez años de irresponsabilidad fiscal Argentina terminó, a principios de 2002, en el default más grande de la historia del mundo emergente y devaluando 50% en términos reales su moneda, destrozando todos los contratos que se habían construido tan laboriosamente después de la hiperinflación de fines de los ´80.

Al haber evitado entrar en el descontrol monetario mediante el no pago de la deuda, un ajuste impositivo violatorio del derecho de propiedad de más de 4% del PIB (sumando el no ajuste por inflación a los balances y las retenciones al agro) y el abrupto cierre de la canilla de los redescuentos a los bancos durante la segunda mitad de 2002, nuestra centro-izquierda le evitó un tercer drama a la vapuleada sociedad argentina (luego del default y la devaluación) que podría haber sido una nueva hiperinflación. A partir de allí, comienza un proceso de normalización económica realmente impactante. Hoy el producto está creciendo al 5%, los precios apuntan como máximo al 10%, el desempleo puede llegar a bajar 4%, la indigencia cae 5% y los depósitos bancarios se recuperan. En estas condiciones, al menos en el corto plazo, el liberalismo argentino se ha quedado con pocas defensas de su gestión en los ´90 y menos argumentos todavía para atacar al progresismo de Duhalde y Kirchner, porque fue de la mano de las privatizaciones, de los acuerdos con el FMI y de los grandes capitales internacionales invirtiendo en Argentina que nos fuimos a la peor crisis de nuestra historia y esto la sociedad argentina lo tiene bastante claro.

Si nuestra centro-izquierda sigue siendo prudente desde el punto de vista fiscal, difícilmente genere crisis financieras como las tantas que hemos tenido en el último cuarto de siglo, totalmente perdido desde el punto de vista económico y puede ser probable entonces que tengamos algunos años todavía de crecimiento de la economía de la mano de ideas muy pobres pero con niveles de irresponsabilidad menores a los de antaño que les evitarán irse por la ventana como le ocurrió a Alfonsín y De la Rúa. No hay que olvidarse que la caída que comenzó a mediados de 1998 fue tan estrepitosa (-25% el PIB per cápita) que con algo de racionalidad se puede seguir creciendo bastante tiempo más. Evitar descontroles fiscales importantes ha pasado a ser un "activo" muy importante para la recuperación económica.

Entonces, si tanto la centro-izquierda de Kirchner-Duhalde como el menemismo han aprendido la lección del determinismo de lo fiscal, la discusión entre ambos no será quién genera más crisis financieras del tipo 2001/2002 sino que girará sobre cuán integrados estaremos al mundo y qué asignación haremos los argentinos entre gasto público y gasto privado, hechos fundamentales para discutir el crecimiento sostenido. Respecto del primer punto no cabe duda que si gana Kirchner el MERCOSUR será el máximo de apertura de la economía a la cual podremos aspirar. En tanto que si gana Menem el ALCA sería quizá la opción más probable. Para crecer en forma sostenida Argentina necesita de la suma del mayor grado de apertura al comercio internacional posible con equilibrio fiscal (para evitar atrasos cambiarios insostenibles) y muy baja presión impositiva (para maximizar el nivel de gasto privado), es más probable que la opción del ALCA fuera la mejor en el largo plazo.

Respecto del segundo punto, la asignación entre gasto público y privado, más allá de sus vacías promesas electorales de bajar impuestos (totalmente incompatibles con el reclamo del FMI de mayor superávit primario y de eliminar impuestos distorsivos) podríamos esperar que Menem, en su deseo de acordar pronto con el FMI y salir rápido del default, intente que el sector privado pague mayores (hoy ya insoportables) niveles de presión impositiva en el corto plazo. Kirchner, por el contrario, como tratará de evitar a toda costa abortar la recuperación del mercado interno que estamos viendo, podría fijar condiciones todavía más duras para los acreedores de la deuda en default y regatear todavía más con el FMI el nivel objetivo de superávit primario. Por lo tanto, en el corto plazo podría darse la paradoja de que un político de centro-izquierda como Kirchner fije una menor presión impositiva que un político de derecha como Menem (más allá de que el primero la emprenda contra todo lo que sea renta del capital). Claro que es de esperar que en el mediano plazo, Kirchner tienda hacia mayores niveles de gasto público (esencialmente en temas sociales) y por lo tanto a más impuestos para sostener su Estado de Bienestar, en tanto que si Menem aprendió la lección, debería evitar volver a jugar con fuego.

En este punto se equivoca de manera grosera el FMI al prestar atención sólo al resultado fiscal sin preocuparse por cuál es el modo de llegar a él o lo que es lo mismo, lamentablemente el FMI nos dice, como máximo, cuál es el déficit que tenemos que tener y no le importa si para ello el Estado viola a impuestos a todos los que están en blanco. Países como el nuestro que parecen bastante incapaces de brindarse políticas económicas de la calidad necesaria como para impulsar el crecimiento sostenido, necesitan de organismos internacionales que se ocupen, también, de "machacar" acerca de la importancia de contar con niveles de presión impositiva pagables y no distorsivas y lo esencial de tener aranceles de importación bien bajos y uniformes para comerciar con todo el mundo y no sólo con un grupo de vecinos que, además, son tan pobres como nosotros. Este es el caso del MERCOSUR.