Para los economistas, por ahora, no hay riesgo de hiperinflación

El aumento que acumularon los precios en los primeros cuatro meses del año parece ser apenas el comienzo del ciclo inflacionario que tendrá que atravesar, inevitablemente, este año la Argentina. Con un tipo de cambio que ayer quedó en $ 3,6, aún falta que los precios generales absorban este aumento y ajusten, siempre que la divisa se mantenga quieta, como mínimo otro 45% entre mayo y diciembre. Teniendo en cuenta que entre enero y abril los precios ya subieron 21,1%, habrá que acostumbrarse entonces a la idea de que este año la inflación tendrá un piso de 65%.

Pero éste sería el mejor de los escenarios que pueda esperar el país, en un contexto donde la recesión y las negociaciones entre el gobierno y las privatizadas contienen el sector servicios y el traslado a precios de la devaluación apenas llega a 25%. Estimando este nivel de traslado, como el dólar ya subió 260%, la inflación debería ser al menos de 65% anual (es 25% de ese 260% que aumentó el dólar).

Pero caben otras alternativas: por ejemplo, que el dólar siga escalando lentamente y termine el año en $ 5. Suponiendo el mismo porcentaje de traslado a precios, 25%, la inflación anual sería de 100%, con lo cual entre mayo y diciembre habría que esperar un aumento de precios de 80% (dado que ya hubo 21% de aumento hasta abril). Mejor no imaginar, por ejemplo, que el traslado a precios de la devaluación se parezca más a lo que sucedió luego de la devaluación del ’95 en México (economía con un grado de dolarización similar al de la Argentina), y se ubique en 50% en lugar de 25% (25% fue el nivel de traslado que se registró al año de la devaluación en Brasil, una economía con muy bajo grado de dolarización).

En ese contexto, habría que esperar una inflación de 130% anual si el tipo de cambio termina el año en $ 3,6, o de 200% anual si termina en $ 5. E incluso de 350% anual si el dólar llegara a $ 8. Para los economistas, aun suponiendo un dólar que no se dispare más allá de $ 4,2, el panorama a fin de año es más oscuro todavía. La mayoría de ellos pronostica que con un tipo de cambio entre $ 3,6 y $ 4,2, la inflación anual terminará entre 80% y 100%. Más pesimista aún es la consultora Espert & Asoc., que espera un dólar en diciembre en $ 5,6 y una inflación anual de 115%, con lo cual el traslado a precios será de 25 por ciento.


Traslado

Si bien con el alto grado de dolarización que tiene la economía argentina, y una estructura productiva altamente dependiente de las importaciones, en principio habría que esperar que el traslado a precios de la inflación se ubique entre 40% y 50% del aumento del dólar, la recesión está amortiguando el incremento generalizado de precios y hace reducir ese porcentaje (los economistas denominan ese traslado pass-through). Por caso, en mayo ya se cumplirán cinco meses de precios de servicios congelados. Servicios como peluquerías, remiserías, esparcimientos en general, o teléfonos, todavía no han realizado el ajuste.

Sin embargo, se teme que este ajuste en algún momento llegará. Un estudio de Fundación Mercado, por caso, revela que en el sector transporte una devaluación de 200% (es decir cuando el dólar estaba a $ 3) ya arrastraba un incremento de costos de 70%, que todavía no se trasladó a precios.

Asustada por esta coyuntura de incertidumbres, la pregunta que se hace hoy la mayoría de los consumidores y empresarios es: ¿hay riesgo de hiperinflación? La mayoría de los economistas consultados señala que, si bien hay peligro de entrar en esta espiral inflacionaria, por el momento todo hace pensar que la Argentina terminará el año con niveles de inflación altos pero no con hiperinflación.

Desde el punto de vista teórico, se puede decir que una economía está en hiperinflación cuando el nivel de precios sube por encima de 50% mensual durante varios meses, según la definición propuesta por el célebre economista Philip Cagan y universalmente aceptada para definir analíticamente este fenómeno.

En cambio, se supondría que las inflaciones superiores a 100% anual e inferiores a 600% son "altas inflaciones" y que aquellas de dos dígitos que persisten por años son "inflaciones crónicas". Si bien se trata de convenciones para describir el fenómeno inflacionario, nos dejan al menos dos mensajes para evaluar si la Argentina está o no en la puerta de una híper. Uno: no es necesario llegar a niveles de 3.000% o 4.000%, como los que ha tenido el país en otras ocasiones, para estar atravesando una hiperinflación. Dos: de cumplirse los pronósticos de los economistas, la Argentina terminaría el año con niveles de inflación altos, pero sin hiperinflación. Incluso, si el dólar llegara a $ 8 y el traslado a precios no superara 50 por ciento, estaríamos con alta inflación pero no híper.

Para Camilo Tiscornia, del estudio Ferreres, una hiperinflación se describe más por fenómenos que siguiendo la evolución numérica del IPC. "Hay riesgo de hiperinflación cuando hay desabastecimiento, huida masiva del peso, malas expectativas, indexaciones o emisión de dinero." Así, "terminaremos el año con inflación muy alta pero sin llegar a una hiperinflación". Para realizar sus pronósticos, desde el estudio Ferreres estiman que a fin de año el dólar estará en $ 4,2, con lo cual la inflación minorista llegará a 90% anual. "Esto, siempre que no huya mucha emisión del Banco Central y el goteo no aumente." Una óptica diferente tiene el economista de Fundación Mercado Oscar Liberman: "Para definir la híper, hay que mirar la tasa de aceleración de la inflación.


Expectativas

Es una cuestión gráfica, si la trayectoria de la inflación es exponencial, es híper. Y nosotros estamos en una trayectoria exponencial", explica. Para Liberman, todas las hiperinflaciones en la Argentina se desencadenaron por expectativas y esta conducta ya está generada en el país, con lo cual, ante el menor síntoma (aumento de sueldos, suba de precios de servicios etc.), se dispara. Según Dardo Ferrer, de la misma consultora, donde estiman una inflación anual de 90% con un tipo de cambio estabilizado, "hay un arrastre de precios que todavía no se ajustó y que se ajustará en las próximas semanas".

Para el economista de IBCP Mariano Flores Vidal, "hay que evitar que el dólar continúe subiendo y para ello hay que dar bonos compulsivos. Porque, si los bonos sirven para comprar autos, casas, acciones, se transforman en dinero y eso se va al dólar". El economista Mauro Roca, del IERAL (Fundación Mediterránea), estima que si el dólar se mantiene en $ 3,5 hasta fin de año y avanza la reforma del sistema financiero, la inflación será de 100 por ciento. Pero si no se soluciona la situación bancaria, y aumentan los redescuentos del Central, 100 por ciento será el piso.