Un corralito sin remedio

No existe nada más contundente que los fríos números: en los últimos doce meses, las reservas líquidas del Banco Central cayeron 100%. De los poco más de 22.000 millones de dólares existentes a fines de marzo del 2001 se pasó a 11.547 millones el pasado lunes 13 de mayo, según la medición diaria que informa el propio BCRA. No es un dato menor. Para la mayoría de los economistas consultados por NOTICIAS, las anémicas arcas del Central están en terapia intensiva y sólo un pronto acuerdo con el Fondo Monetario Internacional lograría poner paños fríos a la delicada situación. Que el ministro Roberto Lavagna (60) se haya visto obligado a echar mano a los dólares del Tesoro para hacer frente a un vencimiento de 800 millones de la deuda externa, no hizo más que complicar los pronósticos. "Este año vencen otros 8.000 o 9.000 millones de dólares, espero que Lavagna no esté pensando en utilizar siempre las reservas para hacer frente a esas obligaciones", se preocupa Aldo Abram, el economista jefe de la consultora Exante.

El Fondo apaciguó un poco los ánimos: adelantó que ‘tendrá paciencia’ con algunos de los futuros compromisos de la Argentina. El comentario cayó bien en el Gobierno pero no tranquilizó a los analistas: ‘No deberíamos contentarnos con lograr un periodo de gracia, sino acordar, y rápidamente. Sólo así podremos reconstruir el sistema financiero y generar confianza externa e internacional{insiste Abram.

El futuro de las reservas estará atado a la estrategia que se utilice para desactivar el corralito. Los banqueros dicen que, si no hay plan de bonos compulsivo, no hay nivel de reservas que aguante el goteo del sistema financiero que el Central debe apaciguar con redescuentos. A esto se le deben sumar las continuas, y cuestionadas, intervenciones del BCRA para contener al dólar. En realidad, sin acuerdo con el FMI habría que seguir emitiendo, con el obvio riesgo de desatar una hiperinflación de consecuencias ruinosas.

Contrapunto

A la delicada situación provocada por la brusca caída de las reservas y las poco claras estrategias para recomponer la situación, se ha sumado el cortocircuito permanente que domina la relación entre el Central y el equipo económico. Marlo Blejer, titular del BCRA desde los tiempos de Domingo Cavallo (55), nunca se llevó bien con el Palacio de Hacienda. Ni antes con Remes Lenicov (53), ni ahora con Lavagna. La errática estrategia de Blejer para controlar los desboques del dólar en tiempos de Remes le costó mas de una discusión con el ex ministro, un aspecto que parcela no Iba a generar contrapuntos con Lavagna luego de que el actual ministro se mostrara partidario de la flotación del dólar, esquivando el pedido de ‘anclaje’ que había hecho, sin demasiados fundamentos económicos, el presidente Eduardo Duhalde (60).

Blejer dista de ser un hombre de carácter dócil. Ortodoxo de pensamiento y con una vasta experiencia como técnico del FMI, resiste a cara de perro desde el Central las embestidas del equipo económico. Luego de un comienzo en buenos términos -Lavagna reconoce que la buena predisposición de Blejer en los días previos a su designación ayudó a que aceptara el cargo-, la relación entre los titulares del Central y de Economía, sin embargo, no son tan fluidas. El último roce fue cuando Lavagna dio marcha atrás con el plan de bonos para los depósitos reprogramados: Blejer es partidario de un plan compulsivo -como también reclaman los bancos y exigió Anoop Singh- y cree que es una locura pensar en una nueva flexibilización del corralito, un tema que el propio Lavagna admitió estar estudiando.

Ya hay secuelas del enfrentamiento Blejer-Lavagna: aunque en el Central aseguran que no tiene relación con la Interna con Economía, renunciaron los directores Amalia Martínez y Roberto Reyna. La primera, dicen, porque le ofrecieron un trabajo mejor pago en el sector privado, Reyna, porque está estresado. A éste el directorio no le aceptó la renuncia y, a cambio, le dio vacaciones. Una fuente del banco desmintió los rumores sobre nuevas dimisiones: "Ni Mario (Blejer) ni Aldo (Pignanelli) piensan renunciar. El que suponga eso, que se lo saque de la cabeza{advirtió.

Bombero de bancos

El papel de prestamista de última instancia, que el Central está jugando desde que el sistema financiero comenzó a hacer agua por los cuatro costados, es otro aspecto que pone bajo la lupa a la gestión de Blejer. En los últimos dos meses, el BCRA otorgó asistencia financiera a los bancos, a través de redescuentos y de pases, por más de 4.000 millones de pesos, que eleva a más de 17.600 millones la ayuda otorgada desde que se desató la crisis. El problema es que gran parte del salvataje de los últimos meses se financió con emisión de moneda. Hace un mes, el propio Blejer admitió que ya se hablan emitido unos 3.300 millones de pesos, apenas 200 millones menos que lo comprometido en el Presupuesto para todo el 2002. Algunos economistas creen que aunque es aconsejable emitir en una economía en recesión, es un error utilizar esos pesos únicamente para financiar al Estado y sostener a los bancos.

La última ayuda importante del Central a los bancos se dio el lunes 13, luego de un agitado fin de semana en el que se rumoreó que muchos bancos no querían abrir las puertas por su extrema liquidez. Desde Economía dijeron que se trataba de rumores infundados, pero la estadística del Central aportó una cuota de claridad que dejó mal parado a más de un integrante del equipo económico: ese día, el BCRA asistió a los bancos del sistema financiero con 953 millones de pesos, haciendo trizas el promedio de 100 millones diarios que venía manteniendo hasta la fecha.

La casi nula confianza que ofrecen los bancos a los ahorristas es la razón por la que se ha acelerado vertiginosamente el nivel de circulante monetario, es decir de billetes en poder de la gente. Desde febrero pasado, la cantidad de pesos en circulación creció en más de 4.300 millones, alcanzando un total de 15.300 millones al día 13, sin contar otros 5.500 millones en patacones, Lecops y otra decena de bonos de circulación provincial.

Alternativas

Los pronósticos sobre qué podría suceder con las reservas si se las sigue utilizando sin control ni estrategia para pagar vencimientos de la deuda, financiar la emisión y asistir a los bancos con problemas (hoy por hoy, todos, casi sin excepción) son poco alentadores. La mayoría de los economistas -los más ortodoxos, principalmente- cree que sin un acuerdo rápido con el Fondo no habrá nivel de reservas que aguante el terremoto.

Las alternativas para salir del corralito no abundan pero
existen. Abram, junto con varios economistas, presentó un proyecto al Congreso. La idea base es que el Estado se haga cargo de subsidiar a los bancos por las deudas pesificadas 1 a 1, pero compensando a las entidades por sus activos en vez de por su pasivos, de modo que el costo de espera que pagarán los ahorristas no termine siendo un beneficio para el sistema financiero. Es decir, el subsidio se entregaría a los bancos en la medirla en que estos devuelvan los depósitos, lo que, según Abram, reducirá sensiblemente el costo fiscal de la salida del corralito. Para ello habría que reconvertir a dólares (a $ 1,40 por dólar) todos los depósitos reprogramados originalmente constituidos en moneda extranjera y que no se hayan convertido voluntariamente a cuentas a la vista en pesos, manteniendo las fechas de vencimiento originales de la reprogramación. ‘Que sean los bancos quienes se comprometan a devolver los depósitos y no el Estado generaría un poco más de tranquilidad a los ahorristas", estima Abram.

La Fundación Capital, a través de su Informe de coyuntura, propuso ‘una liberalización plena de los depósitos a la vista y en caja de ahorro (potencialmente, unos 26.000 millones de pesos), planteando atender la eventual salida en un 50% a través de redescuentos del Banco Central, y en otro 50"/o a través de un compromiso que involucro la liquidez aportada por las entidades financieras". La Fundación Capital sugiere, además, permitir la "offshorización" (a voluntad del ahorrista) del dinero paralizado en cajas de seguridad y, eventualmente, un seguro de cambio para la deuda en dólares de los bancos. Como corolario, una absorción de todos los bonos en circulación, que serían canjeados por pesos, y una condición sine qua non: emisión cero.

El ultra ortodoxo José Luis Espert (40) es intransigente:"Si se flexibiliza el corralito se corre el riesgo de que las reservas se acaben a mitad de año. La opción menos mala seria aplicar un plan Bonex que minimice las perdidas actuales del Central, aunque esto puede generar una implosión social de consecuencias imprevisibles". Como los escenarios son conflictivos, Espert apela a sus viejos reclamos: "Equilibrio Fiscal, apertura de la economía y recambio total de la clase política".

El economista Orlando Ferreres (57) aporta otra visión negativa: "No es posible seguir perdiendo 1.200 millones de dólares mensuales de reservas porque, en este caso, en cinco meses nos quedamos si Tesoro. La opción es que los bancos le den a los ahorristas un plazo fijo en dólares a cinco años. Además, las entidades financieras deberían recibir una compensación para soportar la diferencia entre el dólar libre y el CER. Sólo así se podrían atenuar las pérdidas del Central".

El reloj de los temas urgentes corre a una velocidad muy superior a la capacidad de reacción que muestra el Gobierno para resolverlos. Si no se planifica un final rápido y ordenado para el corralito es posible que las reservas no resistan mucho tiempo más. Ni tampoco el presidente del Banco Central, ni el ministro de Economía. Tal vez, ni el propio Gobierno.