Presupuesto poco claro con más gasto público

El Viernes 13 de setiembre el Gobierno presentó al Congreso el Proyecto de Presupuesto del Sector Público Nacional para 1997.

En él se muestra a las claras que no hay ninguna decisión de política económica que tienda a despejar el horizonte macroeconómico argentino de su problema básico:
la insostenibilidad de este nivel de gasto público nominal y su total inconsistencia con el resto de las políticas adoptadas (apertura de la economía y política laboral) desde Abril de 1991.

En el cuadro adjunto (línea 2.1.1.), se muestra que el gasto de la Administración Nacional, incluyendo el gasto por la absorción de las Cajas Provinciales de Previsión Social pasará de $ 44.525 millones en 1996 a $ 44.846 millones en 1997, o sea, crecerá $ 321 millones (0,7%) respecto del presente año. Con intereses de la deuda pública que aumentan $ 867 millones, las Cajas Provinciales $ 223 millones y otros gastos (incluidos los de capital) $ 425 millones (totalizando más gasto por $ 1.515 millones), la aproximada constancia nominal del gasto en 1997 respecto a 1996, se explica porque las erogaciones en personal de la Administración Nacional caerán $ 533 millones y las de la Seguridad Social Nacional lo harán en $ 595 millones (sumando ambos una baja de $ 1.128 millones).

Los ahorros en personal que se realizan en los presupuestos, a diferencia de las exposiciones de base caja, no tienen que ver con el no pago en efectivo del salario que se devenga en el año (para así pasarlo al año que viene), dado que los proyectos de presupuestos hablan del gasto autorizado a ser consumido, independientemente de si son pagados o no después de haberlos ejecutado.

Si se van a realizar ajustes hacia abajo en las partidas de por ejemplo salarios, porque se va a cesantear a cierto personal (lo cual reduce la necesidad de autorización para gastar en salarios) entonces, tiene que también estar asignada la partida para el pago de las indemnizaciones por despido.
Así, no queda claro cómo se obtendrán ahorros entre los activos de la Administración Nacional tal como lo muestra el Proyecto de Presupuesto 1997. Lo único que faltaría para darle el "broche de oro" a la falta de transparencia a la información oficial sobre las cuentas públicas, es que también tengan "dibujos" los presupuestos públicos al no incorporar como gasto las indemnizaciones.
En caso que la caída obedezca a la desaparición de cargos públicos que hace mucho tiempo no son ocupados, por un lado no es lógico hablar de baja de gasto en el período en el cual se está "blanqueando" la desaparición en los hechos que viene desde hace largo tiempo y por otro, es una reducción de gasto macroeconómicamente irrelevante dado que por esta decisión, en el futuro, no se ahorrará ni "caja" ni tampoco se colocará menos deuda pública.

En el caso de los gastos de Seguridad Social, menos claro queda todavía el origen de los ahorros, dado que se habla de manera extremadamente difusa de reducción de los costos de operación de ANSeS y PAMI.

De todas maneras, aún suponiendo que dichos ahorros fueran técnicamente factibles quedan varias cuestiones a dilucidar. Dado que habrá que convencer al Congreso para que baje el gasto en personal y en pasivos que dependen de la Nación para financiar en parte el aumento de los intereses de la deuda pública (hoy cada vez más "externa" en el estricto sentido técnico de la palabra)?.¿Son políticamente viables, siendo que no hay un diagnóstico de crisis de financiamiento de este nivel de gasto público?. ¿Qué tipo de discusión se dará en el Congreso cuando los legisladores vean que para que la Nación reciba a los pasivos de las Provincias (todos pertenecientes a sistemas de reparto cerrados en los sectores públicos provinciales) tendrán que perjudicar a los pasivos que existen hoy en el Sistema Nacional de Previsión Social?. ¿Qué le pedirá el Congreso al Ministro de Economía Roque Fernández a cambio de aprobarle el Proyecto de Presupuesto enviado, si para aprobarle el paquete fiscal le cobró un "peaje"(en términos de más ingresos para las Provincias respecto del paquete anunciado el 12/08/96) de casi $ 700 millones, más aún en un año electoral y cuando el liderazgo del Presidente Menem en el partido gobernante aparece discutido?

El Presupuesto es una guía importante para conocer en qué medida el Gobierno es consistente en el diseño de su política económica. En otros términos y en particular para el caso de la Argentina, es un indicador nítido de cuánto entiende el problema macroeconómico básico de nuestro país: un nivel nominal de gasto público que por un lado es insostenible (creció u$s 30.000 millones o 123% desde abril de 1991), salvo con tasas impositivas inconsistentes con cualquier parámetro mínimo de eficiencia, con la incomprensible equiparación del evasor fiscal con el delincuente común (sin que por ello deba dejarse de luchar con todo énfasis contra la evasión) o con tasas de endeudamiento que nos llevarán a que la deuda pública bruta a fines de 1997 sea de alrededor de $ 100.000 millones y por otro es inconsistente con la drástica y correcta apertura de la economía y cuando al mismo tiempo no se desregula profunda e inmediatamente (abril de 1991) el mercado laboral.
Sino, observemos a la tasa de desempleo en récords históricos y a una tasa de ingreso de capitales en los primeros años del plan claramente insostenible.

El Proyecto de Presupuesto de 1997 muestra nítidamente que el Gobierno insiste en aumentar todo lo que se pueda el gasto publico ("el que se pueda" lo determina el financiamiento, como si las consecuencias negativas de los déficits fiscales sólo aparecieran cuando no hay financiamiento) dado que al pagarlo con endeudamiento externo, no se pagan los costos políticos de ello en el corto plazo. En un año electoral, el casi congelamiento nominal es el piso a partir del cual más tarde aumentará.

Como decía el abogado, político y filósofo inglés Francis Bacon: "La ocasión hay que crearla, no esperar que llegue".
¿Qué necesidad hay de esperar problemas de financiamiento externo como el "tequila" para discutir bajas drásticas del gasto público?. Lamentablemente, los gobiernos actúan con altas cuotas de racionalidad, básicamente, ante las crisis.